• Caracas (Venezuela)

Gustavo Tovar

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Parlamentarias, ¿seguimos o nos confiamos?

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Los jodiste

Siéntete orgulloso, lo que hiciste fue ejemplar desde todo punto de vista, pese a todas las adversidades, chantajes, frustraciones y dudas, te movilizaste por tu futuro, votaste y estuviste dispuesto a defender tu voto a cualquier costo, incluso poniendo en riesgo lo más apreciado: tu vida. Dijiste: ¡Basta!

Y los jodiste, sí, como venezolano los jodiste, a los corruptos (como Cabello), a los violadores de derechos humanos (como González López), a los narcotraficantes (como los sobrinos), a la perversidad de Cilia, al cinismo de la hiena Jorge Rodríguez, a la idiotez de Maduro, pero también a la intromisión del vampiro Fidel, a todos ellos y su malandraje, los jodiste. No fue precisamente una “bofetada” lo que les diste, fue una histórica coñaza de dignidad.

Siente tu himno, sé el himno, cántalo, víbralo, grita con brío: ¡Muera la opresión!

¡Y qué viva Venezuela! ¡Carajo! ¡Y qué viva la gloria de su bravo pueblo!

¡Y qué viva el pobre en su choza que por la libertad votó!

 

La aurora venezolana

Honor a ti, venezolano, que luchas. Gracias a ti hemos experimentado esta dicha, esta algarabía de gritos, brincos y regocijos que pobló nuestro pecho el pasado 6 de diciembre. No es una tenue luz al final del túnel, es un sol resplandeciente y redondo. La esperanza hecha horizonte, es el futuro, enamórate de él, es tuyo. Sigue.

Han sido años peliagudos, terribles, lastimosos, la peste chavista lo ha intoxicado todo en Venezuela, pero la disidencia, la resistencia, el revire, es decir, la rebeldía ciudadana se ha impuesto después de mucha sangre, sudor y lágrimas.

Y todo a través de la lucha cívica y noviolenta. La aurora venezolana estalla en nuestra alma. Amanece otra Venezuela, amanece en ti.

¿La sientes?

 

Causas del amanecer

Venezuela ha vivido un largo, frío y tenebroso invierno oscurantista con el chavismo, que no ha finalizado. Pero que se va desvaneciendo por un inmenso esfuerzo ciudadano, tu esfuerzo, cargado de un coraje y una tenacidad infranqueables.

La primera causa de este amanecer eres tú, venezolana, venezolano, somos nosotros, un bravo pueblo que lanzó el yugo del miedo con virtud y honor, que no se ha resignado ni rendido, que no se ha cansado luchar ni se cansará jamás en su conquista de la libertad.

Y claro, está la Unidad (en mayúsculas), ese esfuerzo singular y complejo por agrupar valores, visiones, aspiraciones personales y guiarlas en una ruta común.

Y recuperar la confianza, y vencer; y lograr un extraordinario triunfo, y vencer; y consolidar la unión, y vencer.

Venezuela -lo hemos dicho- no requiere líderes ni héroes, requieres próceres.

Y el prócer en esta ocasión fuiste tú.

 

La Mesa de la Unidad Democrática

No fue fácil llegar a este punto ni lo será permanecer en él en lo futuro: los tiempos más difíciles están por venir, pero al menos se logró un indescriptible avance que derrota con severidad escalofriante el mito del apoyo popular al chavismo.

¡Quedó descuartizado! ¡No existe! ¡Lo apuñalamos a base de votos! ¡Se desangra! ¡Balbucea! Lo vemos agonizar, lo cual no significa que esté muerto. Hay que seguir, hay finalizar.

La MUD entre sus contradicciones, enfrentamientos intestinos y desconciertos, lo logró. Prevaleció el acuerdo, la sensatez, la dirección política.

Mucho de ello se debe al extraordinario desempeño de Chúo Torrealba, pero también al esfuerzo descomunal de los integrantes de la MUD que lograron conciliar posturas antagónicas y disiparlas a favor de un amor compartido: Venezuela.

La causa es Venezuela, no Cuba, no Fidel, no el socialismo o el fascismo, Venezuela.

Y Venezuela eres tú.

 

La victoria común

Si la MUD hubiese fracasado en su propósito (como en otras ocasiones) cabría juzgarlos, pero en esta ocasión venció. Reconozcámosle su mérito con humildad, permanezcamos conscientes y críticos, sí, pero celebremos que hayan liderado esta victoria común.

Sí, común, porque todos tuvimos algo que ver. Todos.

Leopoldo y Lilian (con su desafiante sacrificio que ha despertado y alertado a la nación y al mundo); Borges, Guevara y Ramos Allup; Capriles y María Corina; Ceballos, Rosales y Ledezma; Mendoza y Haussman; Inesita (la terrible) y Julio (el Coco); Gabriela Montero y Thays Peñalver; el panadero y el chofer; la ama de casa y el obrero, el empresario y la maestra; el artista (pienso en Nacho Mendoza) y el activista; y, cómo no, los estudiantes, ese volcán a un tiempo idealista e histórico que con su estallido humanista le cambió el rostro al futuro del país.

No es tiempo de sacar cuentas, aquí todo el que desafió a la dictadura, protestó, criticó, hizo trabajo político y votó tuvo algo que ver. Todos.

Y Venezuela, insisto, eres tú.

 

¡Vivan los narcosobrinos!

Para que sucediera una victoria tan aplastante también auxilió un fuerte sector del chavismo. Pareciera que desde el Empíreo, Dios, el Supremo Autor, un sublime aliento en ellos infundió. Era hora. Según sé con precisión algunos gobernadores chavistas y ex ministros se unieron al estamento militar para impedir el fraude. Fueron ellos lo que impusieron que los verdaderos resultados fuesen respetados e impidieron el “maquillaje”, parece que el evento de los narcosobrinos los asqueó, como asqueó a toda la nación y al mundo.

Entiendo que la familia Chávez se pueden deslastrar de Maduro, Flores, Cabello y de Rodríguez, entre otros. Los responsabilizarían del asco mundial que ha surgido en contra del chavismo. María Gabriela (la Kardashian de Sabaneta) y su tío Adán liderarían la depuración. Olvidan o intentan hacer olvidar que el responsable directo de esta peste fue Hugo Chávez Frías, el golpista fingidor y su inmoralidad (de la que ellos son principales benefactores).

Todavía vienen los tiempos más recios del tránsito de la dictadura a la democracia, la palabra “unidad” es insuficiente, requerimos más, urge cohesión total. Compatriotas files, la fuerza -insisto- es la unión. Lo dice nuestro himno, no lo digo yo.

Si no hay unidad, si no hay cohesión total, corremos el riesgo de que lo logren. Impedirlo depende de ti, de mí, de los partidos políticos, de los líderes sociales, de la MUD, de cada uno de nosotros. Depende de la reserva moral de Venezuela.

La unión es fundamental para frenar que el despotismo siga levantando la voz. El ejemplo no sólo lo dio Caracas, lo dio Venezuela entera. Y Venezuela, esa bella palabra, eres tú.

Después de las parlamentarias, ¿seguimos o nos confiamos?

Tú decides…