• Caracas (Venezuela)

Gustavo Tovar

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Paréntesis de amor

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“Y es que viviré mil veces

y las mil veces contigo…”.

Mariana Vega

 La estética del amor

En mi entrega de la semana anterior hice pública mi secreta devoción por la Argentina, desdibujé -sin economía emocional- mi embrujo por su literatura, su canto y hasta por el último de sus dioses: Messi.

El despliegue de fascinación que hice fue incompleto, por no decir injusto. Me faltó mencionar esa nobleza encarnada que es el argentino Jorge Mario Bergoglio, nuestro querido papa Francisco.

No haberlo mencionado no fue tan solo un desliz, fue un desamor, porque él sin duda ha rescatado la urgentísima palabra “amor” en el seno de las instituciones religiosas.

Y no es que el papa Benedicto XVI no lo hiciera, también habló del amor pero lo hizo de modo intelectual y filosófico, poco entendible. Su escrito “Belleza, verdad y caridad” es una joya imprescindible para interpretar la estética del amor: “La belleza -el arte- es un camino para llegar a Dios”. Benedicto, con sus admirables escritos, acercaba a los sabios al amor pero alejaba al pueblo llano, imagino que por eso un filósofo como Kant jamás habría sido papa.

Francisco, más llano, más humano, más Messi y menos Kant, hace de la palabra “amor” algo menos etéreo e iluminado, algo más palpado y sensible, algo más latinoamericano.

Y pienso en amor y se desvanece en mi boca, se pronuncia, el amor de mis amores: Venezuela.

 

Una deuda con el amor

Tanto frenesí y sobresalto, tanto empujón y alarido nos hace olvidar a veces que toda sociedad, todo nación o civilización se funda sobre las bases del amor, y en Venezuela, lamentablemente, a raíz de la prostitución espiritual que representa el chavismo, el amor ha pasado a un tercer o cuarto plano.

Soy uno de los que tiene deuda de amor con mi país, lo reconozco, en esta entrega me reivindico, hago un paréntesis.

Me es difícil, no lo niego. Para mí la palabra libertad está colmada de desgarraduras y heridas, salpicada de dolor, encarcelamiento y muerte. Recoger la rabia en mi garganta, guardar en mi pecho la indignación, encerrar la impotencia y no pronunciarla a cada segundo, en cada respiro, no es fácil, no lo será jamás, pero hay que intentarlo.

Hoy lo intentaré motivado e inspirado por tres artistas venezolanas que este fin de semana conquistaran -con amor y arte venezolano- a Tenochtitlán, antigua capital del Imperio Azteca, mi México.

Me refiero a las extraordinarias Gabriela Montero, Mariana Vega y Marjorie de Sousa quienes encumbran a través del arte esa bella palabra que es Venezuela.

El amor de amores.

 

Ex Patria

Para definir el genio de Gabriela Montero necesitaría un siglo, es difícil dar con la metáfora correcta que describa su inabarcable espíritu. Las piezas más hermosas para piano que he escuchado se las debo a ella. No exagero, Scarlatti, Beethoven, Mozart, Chopin o Rachmaninov la celarían.

El fin de semana Gabriela Montero presentó en México su obra Ex Patria, además fue reconocida por Amnistía Internacional como la primera cónsul de la libertad y de los derechos humanos de tan respetada organización.

A un tiempo desgarradora y sublime, Ex Patria es la representación musical más fidedigna de la realidad sociopolítica venezolana. Un rumor desconsolador que anuncia una ráfaga de ametralladoras sinfónicas; la tensión de los instrumentos de viento advirtiendo tempestad; la gritería de acordes donde las cuerdas se encrespan como balas melódicas disparadas contra un público angustiado y abatido; y el alivio momentáneo de un piano sutil, tenue a veces, acogedor o rabioso otras, que sufre, que padece, que es Venezuela.

En Ex Patria Gabriela compone y descompone a Venezuela, la abraza y desata, la desnuda y viste. Es una obra compleja pero magistral, enmarcada en un virtuosismo clásico poco común entre compositores de nuestro país. 

Uno sabe que Venezuela volverá a ser libre, volverá a ser patria, después de atender el ancho amor -y sus acordes- en la música de Gabriela Montero.

 

Te busco

Desde la primera vez que escuché a Mariana Vega supe que aparecía una nueva estrella en el firmamento artístico venezolano. No tuve ningún tipo de duda, su voz a un tiempo honda y fina y sus canciones gentiles, sellarán no solo su época, sino el siglo.

Sin embargo, pese a su talento, no todo ha sido fácil en la carrera de Mariana. Le ha tocado arrostrar grandes dificultades, como la de tener que competir en el mercado latinoamericano sin tener la oportunidad de afianzarse en su propia tierra (arrasada por el oportunismo, la vulgaridad y la mediocridad chavista).

Mariana Vega, lúcida e inquietante, excelsa interpretando a su generación, es una voz que representa de manera sobrecogedora nuestro permanente entusiasmo, nuestro regocijo a toda prueba, nuestro amor la natural.

Sea con Franco de Vita o sea Oscar de León, mantiene su ingenio. No solo impresiona, nos sobrecoge y conmueve. Su gracia es perenne.

En su último disco Te busco, uno escucha poemas urbanos musicalizados con ternura juvenil; crisis íntimas y sobresaltos amorosos; sueños, muchos sueños e ideales; uno descubre la magia de la juventud venezolana y su dilema básico: el amor.

Con Mariana y por ella, con su música que hizo sonreír a México, yo también te busco Venezuela, sé que te encontraré en su fina y honda voz.

 

Hasta el fin del mundo

Marjorie de Sousa, otra venezolana excepcional, ha logrado lo impensable con su desempeño como actriz: postró ante sí a todo México, cuyo público y crítica es extremadamente nacionalista.

Marjorie no solo lo logró por su deslumbrante y enigmática belleza, lo hizo especialmente por su talento y profesionalismo como artista. Ha encarado desafíos actorales de diferente índole y en todas las ocasiones se ha lucido. 

Protagonista reciente de la novela más exitosa y de mayor rating de la televisión mexicana de las últimas eras: Hasta el fin del mundo, tuvo que lidiar con toda suerte vicisitudes para mantener la concentración y la excelencia, y lo logró con determinación y virtuosismo.

Presentó la saga musical de la novela y Marjorie cantó. La expectativa es inmensa, no tengo duda de que triunfará. Como me dijo recientemente: “Todo lo que hago lo hago con un profundo amor, eso marca la diferencia”.

En México, lo sabemos, no es suficiente poseer una desconcertante hermosura como la de Marjorie para triunfar, hay que trabajar duro, actuar bien, cultivar una buena relación con la incisiva prensa, lidiar con las intrigas del medio del espectáculo y, además, hay que ser mexicano.

Marjorie, sin ser mexicana, ha sobrellevado los desafíos de su profesión de manera impecable y ha triunfado. La crítica la respeta, y mucho, pero algo más importante ha sucedido, el pueblo llano la adora.

La estética del amor venezolano se impone porque es sincero y valeroso, optimista y dulce, porque es un amor decidido. Como el que Marjorie inspira en México, como el que Venezuela nos inspira a todos.

 

El paréntesis de amor en medio del fragor de la batalla

En las condiciones más extremas o peligrosas uno recuerda lo que más ama, lo que más duele, lo que más lo inspira a seguir.

Venezuela es nuestro amor de amores, lo que más nos duele e inspira, por eso estamos decididos a reivindicar su libertad.

Admirando e inspirado por el talento de Gabriela, Marianita y Marjorie, motivado por sus presentaciones de este fin de semana en México, decidí escribir este paréntesis de amor en medio del fragor de la batalla. Cuando veo a venezolanos dignos, que no se inclinan ni humillan, triunfar en el exterior, vuelvo a creer, la esperanza renace.

Si el papa Francisco expresa su amor de manera sencilla y fraternal y Benedicto XVI lo hace con sublimes escritos, Gabriela, Mariana y Marjorie lo hacen a través del arte.

Nosotros las aplaudimos, nosotros las celebramos, nosotros las admiramos, nuestra reserva de amor, su estética y belleza, están intactas, el chavismo no ha podido con ellas.

Refundaremos a esa bella y alucinante palabra que es Venezuela sobre las bases del amor, y viviremos mil veces, las mil veces por ella y con ella…

¡Viva el amor! ¡Viva la libertad! ¡Viva Venezuela!

Fin del paréntesis.