• Caracas (Venezuela)

Gustavo Tovar

Al instante

Gustavo Tovar

Lilian o el amor que no se rinde

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

“Me hirieron, me golpearon y hasta me dieron la muerte, ¡pero jamás me doblaron!”.

Rafael Alberti

 

Lilian o el amor que no se rinde

Quizá uno de los hechos más oprobiosos y miserables de nuestra historia política contemporánea lo representa el injusto y absurdo encarcelamiento de Leopoldo López.

Hemos presenciado en tiempo real las más delirantes acusaciones y las más perversas prácticas que la justicia puede ofrecer a una persona. El racimo de violaciones de derechos humanos que ha sufrido Leopoldo ensanchan las páginas más penosas de la historia universal de la infamia.

Habiendo sido encarcelado lunática e injustamente por razones “subliminales” (es lo que argumentó la Fiscalía para acusarlo), sin haber sido juzgado ni sentenciado, se le ha dado un trato que ni en las oprobiosas cárceles de Guantánamo conocían.

Es absolutamente descabellado el proceso, ni Kafka lo habría imaginado.

Lo que hemos presenciado y que ha llamado unívocamente la atención pública internacional es a todas luces tan grotesco e inusual que no solo causa indignación y rechazo, produce en muchos un sentimiento de desesperanza y desánimo difícil de sobrellevar.

Algunos han perdido la fuerza y la fe por tan miserable hecho, incluso hay quienes han bajado la guardia y hasta se han rendido por la frustración.

Algunos, pero no todos, no ella: Lilian. Ella lucha sin cansancio, su amor no se rinde.

 

Encarcelan cuerpos, pero encumbran espíritus

Todo acto absurdo y despiadado del poder contra sus ciudadanos -como el de Maduro y Cabello contra López- termina generando una solidaridad instantánea de las personas con el afectado. Más aún cuando la fuerza espiritual del inmolado desafía con honor los pesados barrotes de hierro que intentan encarcelar su conciencia.

No es nuevo, ocurrió con Gandhi, Mandela, Luther King, Havel, entre otros muchos íconos de la transformación social, cultural y política de sus pueblos. Encarcelaron sus cuerpos, pero encumbraron sus espíritus y sus ideas.

Al madurismo todo le ha salido mal con la prisión de López, todo. No solo lo han encumbrado como el líder político de la oposición venezolana, han hecho que la solidaridad nacional e internacional lo vea como el referente moral del cambio en Venezuela.

Los eventos, pese a lo tortuoso y desgarrador, no han podido ser más favorables y hasta sublimes para enaltecer el espíritu López.

Su entrega fue cinematográfica, inolvidable, uno de los acontecimientos más conmovedores e impactantes de nuestra historia republicana, no solo por la brillantez de su último discurso -de los mejores jamás escuchados a un político-, sino porque nos permitió conocer la mejor fase que tiene un ser humano, la del amor.

Leopoldo, por un lado, le ofreció a Venezuela un sacrificio político -su libertad- por el despertar social y, por otro, se arropó en los brazos de Lilian para, en el amor, colmarse de una inextinguible fortaleza.

Sacrificio y amor, hechos de la cotidianidad que en la política marcan épocas.

 

El ejemplo de Lilian

Otro imponderable error del madurismo en el encarcelamiento de López, acaso el más sensible y perjudicial para sus perversos fines, ha sido la entereza, lucidez y pasión con que Lilian Tintori ha enfrentado el infame proceso.

Contra toda adversidad, amenazada, perseguida, insultada por chavistas y opositores, Lilian ha sorprendido a propios y extraños por su brillantez y entrega. No ha descansado ni un momento (el amor no se cansa ni se rinde), ha luchado en todos los escenarios y contra todas las fuerzas del malandraje chavista, y los ha vencido.

Ha sido duro para ella, durísimo, pero su amor y compromiso están hechos contra toda prueba. Trabaja, educa, lucha, emprende, da todo lo que puede dar y más. Sobran palabras para magnificar su valor y su coraje.

Quizá uno de sus mejores baluartes es su genuina autenticidad. Lilian no finge, resplandece por sí misma. En su rostro se marca la erosión dolorosa del amor injustamente encarcelado, pero en su mirada brilla intensa, infalible, convencida, la luz de la justicia y la libertad.

La verdad la asiste, pero la fe de poder transformar a Venezuela la motiva e impulsa. Ya no es solo su esposo Leopoldo López quien la hace persistir y luchar, son sus hijos, son los presos políticos, son las madres que sufren, es ella misma y su otra devoción Venezuela.

Lilian y Leopoldo han concebido juntos un sueño de justicia y libertad. Ambos se han sensibilizado y ennoblecido. Todo bello nacimiento trae consigo dolor y desgarradura.

Es indiscutible, algo nace en Venezuela.

 

Mujer venezolana: madre, esposa y luchadora

A un tiempo madre, esposa y luchadora, Lilian no solo representa y encumbra su propia lucha, ella representa a la mujer venezolana, enalteciéndola.

Son millones de mujeres que luchan día a día para enfrentar las calamidades que el chavismo nos ha impuesto. Ellas -las mujeres venezolanas- son las heroínas anónimas de la resistencia. Si no hubiesen luchado, bregado, insistido, desde hace mucho tiempo nos habríamos cansado y probablemente rendido.

Pienso en María Corina, Patricia Ceballos, Bony Simonovis, Sairam, Afiuni, Patricia Poleo, Nitu, María Conchita, Fabiola Colmenares, Colomina, Tamara Sujú y muchas otras mujeres que ha levantado la voz y han ofrecido cada espacio de su vida, su devoción y su lucidez por la libertad.

Pero no solo son ellas las que resisten. Son todas las mujeres que sufren el pandemonio chavista, las que se levantan en la madrugada para trabajar, las que hacen largas colas para surtir el hogar, las que trabajan horas extras, las que educan con dedicación y esfuerzo, las que lloran los embates de la criminalidad. Todas.

A veces tanta agitación, tanta desolación y vértigo, tanta imperiosa necesidad de lanzar un estruendoso grito, ronco, atronador, que deje sordo a Venezuela y que en su furia paralice de pavor al continente, nos hace perder el aire. Hay que recuperarlo.

El ejemplo de la mujer venezolana, de Lilian y de tantas otras, es nuestra mayor fuente de inspiración y aliento. Respiremos con ellas. Su devoción, pasión y entrega las distinguen y encumbran, no las dejemos solas.

Imitemos su amor -por Venezuela- que ni se cansa ni se rinde.

Con ellas resistimos, por ellas venceremos.