• Caracas (Venezuela)

Gustavo Tovar

Al instante

Disparo a la cabeza (Bis)

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Estamos claros

Tú y yo estamos claros. Otros no lo están tanto, pero tú y yo sí. También están claros María Corina, Leopoldo, Ledezma, los corajudos estudiantes y muchos otros venezolanos que no se han doblegado ni lo harán.

Sabemos que enfrentamos una dictadura patética (como patético su bufo dictador: Nicolás), pero dictadura al fin y al cabo con todas las calamidades y desgracias que conlleva. Sabemos que para derrotarla debemos usar todas las formas de lucha no violenta posibles: movilizaciones, huelgas, marchas, elecciones (que exigen condiciones y reivindican resultados), afrentas públicas, ocupación de los poderes públicos y un largo etcétera de rabia organizada y desafiante hasta el final…, hasta la libertad.

Sabemos que los chavistas apuntan y disparan a la cabeza, sabemos que quieren linchar nuestros sueños e ideas.

Pero también tú y yo sabemos que no tenemos miedo y que vamos a seguir hasta vencer.

Estamos claros.

 

Algunos ruegan de rodillas

Algunos no están tan claros, esperan que el tiempo de Dios se haga perfectamente y ruegan de rodillas que el Consejo Nacional Electoral (CNE) haga su voluntad sobre nosotros en otra elección en la que no se exigirán condiciones electorales justas ni se reivindicará la victoria.

Ellos, los que no están claros, recularán otra vez. Llamarán a votar, la gente en medio de tanto hartazgo y desesperación acudirá al llamado, votarán, les robarán nuevamente las elecciones, te pedirán que protestes enérgicamente contra la trampa, que le des duro -“con arrechera”- a las cacerolas unos días después del fraude y posteriormente, semanas más tarde, volverán a conformar un circo que llamarán “diálogo” y le darán la mano al usurpador para legitimar la necedad.

Y bis, la historia se repetirá como si fuera un coro alocado. Y claro, otra vez bis: el pueblo se enfadará, saldrá a las calles indignado, harto de tanta corrupción, cinismo y miseria, le volverán a disparar en la cabeza, asesinarán más estudiantes y jóvenes que se atreven a soñar en libertad, y habrán nuevas elecciones, y bis, el mismo encuestador de siempre dirá las mismas babosadas para que la gente vote y no exija nada (ni condiciones ni victoria), y bis, los que no están tan claros dirán que hay que “ocupar espacios” (incluso en detrimento de los principios), ocupar, bis, ocupar espacios, y bis, otra vez bis, hasta que seamos una piltrafa de nación, una vergüenza universal, una ruina.

Y le volverán a disparar en la cabeza a un niño, a un estudiante, a ti o a mí, hasta que no quede nadie que esté claro, hasta que seamos un país sin pensamientos ni sueños.

Y bis, volverán a disparar a la cabeza de un niño, y bis, más disparos, más dolor, y bis, las balas chavistas en la cabeza del futuro de Venezuela.

 

Disparo en la cabeza de Venezuela (Bis)

Hace unos meses escribí un artículo que intitulé: “Disparo en la cabeza de Venezuela”. He decidido volver a publicarlo hoy. Poco me importa que me llamen repetitivo. Unos repiten su mentira mil veces llamando a esta tragicomedia “democracia”; yo repetiré mi dolor por las muertes y mi asco por el chavismo asesino las mismas mil veces, y más.

Un dolor y un asco reiterado mil veces despertará la conciencia de los que no están claros, de los aletargados

La gente se pregunta por qué tiendo a escribir entre turbaciones y gritos, por qué agarro por el cuello al chavismo en mis escritos, le escupo mis rabias y les mento la madre sin ningún tipo de estupor ni pena.

Es fácil: le están disparando en la cabeza a Venezuela, quieren asesinar nuestras ideas y sueños, quien ultimar nuestra libertad, quieren decapitarnos.

Asesinan nuestro futuro, asesinan a nuestros niños.

¿Cómo permanecer impávido, insensatamente “dialogante” y neutral ante semejante realidad? ¿Cómo puede cualquier venezolano decente preservar la imperturbabilidad y la compostura frente a un crimen público y reiterado de tal envergadura?

Sí, ¿cómo?

 

Al ritmo de los latidos de nuestro corazón

No todo puede ser ecuanimidad, lucidez, estadística o fumadas reflexiones académicas, también estas son cínicas si no son cónsonas con el sentimiento del momento.

Por ejemplo, si los ilegítimos y usurpadores del poder, de manera ilegal e injusta, están persiguiendo, encarcelando, torturando, hiriendo y matando (con certeros disparos en la cabeza) a nuestros hijos, ¿cómo carajo podemos hablar de falta de azúcar, aceite o papel higiénico?

 Bajo la premisa estúpida de que al “pueblo” lo que le interesa es la economía y sus problemas domésticos, los sesudos encuestadores -¿sesudos o comprados?- y sus enanos acólitos políticos no hacen sino mostrar diagramas y láminas que tabulan su estupidez. Es insólito que no se den cuenta, que no se percaten, de que a todo ser humano, a todo hombre o mujer, a todo padre o madre, lo que más le interesa es su vida y la vida de sus hijos.

Principio fundamental de la civilización: la vida. No la desprecien.

Por eso me resisto y me resistiré siempre a través de mis escritos. Yo soy de los que siente, de los muchos o pocos que les duele el país y no lo ocultan, y lo vociferan, y lo escriben, y lo gritan, y, como no sabemos disparar (ni dispararíamos), nos pronunciamos a insultos o empujones, pero nos pronunciamos carajo.

Somos venezolanos de carne y hueso. Sentimos.

Ni arredro ni negocio mi ira, que lo hagan los sinvergüenzas e indolentes como Henri Falcón, claro él fue chavista y militar, él no se conmueve ante el asesinato a mansalva, ante el disparo en la cabeza de la juventud. Como Didalco, William Ojeda, Perucho Fernández, Ricardo Sánchez o David de Lima, pide “diálogo”, Judas besa la mejilla del pueblo que dice amar, mientras tiritan en su bolsillo las monedas.

Tiritan porque además son pocas...

 

Disparan a la libertad y al futuro

Quien le dispara en la cabeza a un joven, a un estudiante o a un niño intenta acabar con el futuro de una nación, intenta asesinar las ideas de un país, intenta encarcelar su sueño de libertad.

Quien le dispara en la cabeza a un joven, como el despiadado chavismo ha hecho desde el primer día, aspira a esclavizar a Venezuela.

Hugo Chávez lo sabía y lo practicaba, lo conversaba con el círculo más íntimo de su ferocidad asesina: Diosdado Cabello, Ameliach, Rodríguez Torres, Rodríguez Chacín, Alcalá Cordones, entre otros. Disparar en la frente de la libertad y del futuro fue su signo de combate.

Lo descubrí el 11 de abril de 2002 cuando asesinaron con una certera bala en el centro de la frente a mi amigo Jesús Mohamed Capote. Lo corroboré cuando investigué sobre las muertes del 4 de febrero de 1992 (muchos de los asesinados cayeron con disparos en sus cabezas, sobre todo los que defendieron Miraflores -Chávez- y La Casona -Rodríguez Torres-). Y trágicamente lo he confirmado estos días, otra vez, el bis se alarga, con la dolorosa muerte de Kluivert Roa, Yasmir Tovar, John Barreto, Gerardo Gómez, Ariany García, José Daniel Frías y Julio Alejandro García. Trágicamente.

No es una ficción, tampoco es una suposición, es la realidad de la bochornosa metodología del chavismo para hacerse y conservar el poder: su signo.

Centenares de nombres lo certifican, muchísima sangre derramada lo confirma, nuestro dolor, nuestro grito seco, nuestra estupefacción y nuestras lágrimas lo ratifican.

No me pidan indiferencia ni indolencia, no le pidan al pueblo que cese su llanto ni que dialogue su rabia. No sean…, no seamos cómplices de quienes intentan encarcelar nuestro futuro o asesinar nuestras ideas y sueños. Sean…, seamos coherentes con nuestro dolor y nuestro llanto, reivindiquemos, nuestra dignidad y nuestro coraje…, no vacilemos, resistamos, luchemos.

Luchemos unidos, que nuestra valentía y bravura sea el infalible casco que proteja la cabeza de Venezuela.

Es ahora, eres tú, soy yo, es la Venezuela que somos.

No nos rendimos, no nos rinden.

Estamos claros…