• Caracas (Venezuela)

Gustavo Tovar

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Chávez Nuestro que nos pudres cada día

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El peor amigo del hombre

A través de la historia, los tiempos y las eras, el peor enemigo del hombre ha sido el hombre, sobre todo aquel que desde el poder se ha dedicado a perseguir y exterminar a los de su misma raza por causas -¿delirios?- políticas, étnicas, religiosas o ideológicas.

No ha habido catástrofe natural, terremoto o sequía que haya causado tanta mortandad y exterminio como las que se han causado los hombres entre sí.

Las pestes, la inmoralidad contagiosa, los accidentes, la represión, pero sobre todo las guerras han sido las causas de mayores lutos y sangre derramada en la humanidad, y todas han sido generadas por seres humanos, o, mejor dicho, por quienes en su delirio de poder han dejado de serlo.

Para mí el chavismo, ese delirio, esa demencia que no cesa, nació con una guerra asesina el 4 de febrero de 1992, devino una inmoralidad contagiosa cuya pandemia de corrupción y cinismo se convirtió en una peste -la lepra chavista- y terminó siendo un delirante y represivo accidente histórico que ha causado mucha mortandad en Venezuela.

El chavismo es un enemigo del hombre (venezolano).

En estos días, invadiendo peligrosos terrenos teológicos, una loca chavista -sin una camisa de fuerza que la contenga- convirtió al sátrapa en su Dios, le oró y pidió a los feligreses que oren con ella.

Yo me persigno.


En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Chávez Cristo o anticristo ha traído hambre, enfermedad, accidentes y muerte, mucha muerte a Venezuela. Unos le oran porque necesitan de su dinero y de sus prebendas; otros lo repudiamos porque aspiramos cívicamente a un país más consciente, más librepensador, menos feligrés y más crítico.

El repudio no solo es político, es moral e histórico, no repudiar esta locura otorga pérfidas concesiones al daño que el delirio chavista le ha causado y le sigue causando a Venezuela.

Hay quienes no estamos dispuestos a callar, mucho menos a secundar esta peste por infames causas electoreras (más aún con tan pecaminoso Consejo Nacional Electoral). Nos negamos a ser feligreses de la idiotez.

Así seamos dos venezolanos los que alzamos la voz y repudiamos públicamente esta enfermiza farsa, sin demagogia ni oportunismo electorero, yo siempre seré uno de ellos. No me la calo y espero que tú tampoco.

En el nombre del Padre, de su Hijo que vino al mundo a mostrarnos que no somos esclavos de ningún rey en la tierra, ni hambrientos cuerpos de carne y hueso sino seres espirituales, y en nombre del Espíritu Santo de Venezuela, por lo que más quieras, mandemos para el carajo a estos locos, sin tapujos.

Que nuestra conciencia y fuerza moral nos libere de la demencia chavista y sus delirios de poder. Esta locura puede traer mucha más sangre.

El futuro depende de nosotros, seamos más de dos, seamos millones.

 

Epidemia de demencia.

Un país con una dictadura tan estrambótica como la nuestra es difícil de encontrar. Nada es normal en la tierra de Simón Bolívar. Nada. Ni la religión, ni la política, ni los dioses, ni los santos, ni las plegarias, nada.

A la epidemia de ceguera política y corrupción se suma una singular epidemia de demencia teológica. El delirio chavista comienza a llevarnos a territorios insospechados no solo de desabastecimiento, criminalidad, hambruna y muerte, sino de oscurantismo religioso.

Como las políticas públicas, la represión y la persecución han completado un escenario desolador de desastre y muerte, los oficiantes -sumos sacerdotes- del chavismo intentan arteramente convertir su chiste ideológico en una religión.

Su remedio es la oscuridad: “Con hambre y desempleo con Chávez me resteo”. Son oscuros, muy oscuros.

Pero la sustitución religiosa no es solo chavista, también encontramos al inmaculado Capriles que en vez de luchar como político por condiciones electorales justas o reivindicar la victoria popular que le hizo presidente invoca el tiempo perfecto de Dios para que salve la política en Venezuela; pero ese es otro cuento, relevante para entender el despelote en el que andamos, pero otro cuento.

¿Por qué no dejarán a Dios tranquilo? ¿Por qué no se dedican a hacer lo que se espera de ellos como políticos?

Sencillo: porque no tienen idea de cómo hacerlo, hay mucha demencia y cobardía. Estamos ante una epidemia.

 

El Chávez nuestro que nos pudre cada día.

Los chavistas se autoproclaman revolucionarios, dicen incluso que son marxistas-leninistas, maoístas y hasta estalinistas, pero hacen de su comedia histórica un incesante opio para el pueblo.

¿Qué habrían dicho Marx, Lenin o el Che Guevara de toda esta inclemente cursilería?

En su oscuridad espiritual, el chavismo ahora propone una carcajada teológica donde Chávez es Dios y su amado Maduro la bestia del Apocalipsis, su jinete.

Son la burla de las burlas, la peor de las vergüenzas. Su alma padece la lepra del delirio, son una llaga andante de cinismo.

Mientras tanto, entre oración y supersticiosa letanía, entre el Chávez nuestro de los dementes y la espera del tiempo perfecto de Dios de los inmaculados, Venezuela se pudre y nos pudrimos todos con ella cada día.

Ya basta. Es hora del sacrilegio y la rebeldía civil, es tu hora.

Dejemos a Dios tranquilo.

 

El mejor amigo del hombre.

Así como el peor amigo del hombre ha sido el hombre, también podemos señalar que este ha sido su mejor amigo.

La lista de excepcionales amigos que ha tenido la humanidad es larga e incluye a un ejemplar hombre como Jesucristo, quien no empleó las armas ni causó mortandad como Hitler, Fidel o Chávez para imponer su Verdad.

En Venezuela hemos contado también con grandes amigos de la igualdad, de la fraternidad y de la libertad, es decir, de la república. Fueron luces rebeldes de su tiempo -Bolívar, Bello, Vargas, Gallegos o Betancourt, entre otros- y simbolizaron la poca o mucha cordura civilizatoria que hemos conquistado en nuestros mejores momentos. Para ellos el civismo republicano era la mejor vía de la justicia social y su única garantía.

En el fondo cada quien elige qué camino sigue: la imposición de un delirio esclavizador (el peor amigo) o la conciencia liberadora de los pueblos (el mejor amigo).

En el fondo uno elige ser amigo o enemigo del hombre frente a la historia.

Estamos ante una encrucijada política no religiosa entre el delirante y medieval “Chávez nuestro” que nos pudre o el renacimiento humanista de Venezuela. Todas las vías políticas son válidas: la rebelión civil, la constituyente, incluso las parlamentarias. Pero la rebelión y la constituyente curan de raíz la epidemia, las parlamentarias sin condiciones electorales justas la empeoran y alargan.

Tú eliges qué tipo de amigo aspiras a ser de Venezuela. Yo ya lo hice, ¿somos dos? Te aseguro que somos millones.

La rebelión humanista -y constituyente- nos libera.

@tovarr