• Caracas (Venezuela)

Gustavo Roosen

Al instante

Las propuestas de Roraima

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Los encuentros tenían lugar en la oficina de Luis Augusto Vegas Benedetti, en la torre Roraima, en Campo Alegre. Anfitrión jovial, amigo de muchos amigos, Vegas Benedetti compartía con muchos de nosotros dos condiciones: vinculación con el mundo empresarial y una profunda y activa preocupación por el país. En esos encuentros y con su apoyo nació el Grupo Roraima.

Eran los primeros años de la década de los ochenta. La crisis del 83 estimuló a un grupo de profesionales, muchos de ellos egresados de la UCAB, a reunirse para conversar sobre el país. Habíamos tenido contacto con la metodología de “escenarios” y nos decidimos a utilizarla para formular lo que podía ser una propuesta al país. Observábamos entonces rasgos y fenómenos que en estos últimos 16 años no han hecho sino acentuarse: peligrosa dependencia de la renta petrolera, crecimiento desmedido del sector público, estancamiento del sector privado.

Aunque acogidas por el presidente Pérez, las propuestas del Grupo Roraima no llegaron a probarse cabalmente en el tiempo. Las circunstancias políticas abortaron la posibilidad de avanzar hacia un modelo modernizador, productivo, de economía de mercado, que superara las deformaciones de concentración de poder, estatismo, centralismo, presidencialismo, partidismo, populismo y paternalismo, visibles en la vida nacional de entonces y profundamente acentuadas en la de hoy.

Uno de los más proactivos participantes era Luis Vegas Benedetti. Recordarle ahora, a unas semanas de su partida, es la oportunidad para reconstruir la figura de un hombre alegre, buen conversador, sumamente sociable y buen hombre de familia, amante del arte. Yuto –para los amigos y cercanos– era un empresario con sentido de vocación social, dispuesto a impulsar agrupaciones gremiales y a trabajar por ellas, convencido de que la responsabilidad y el objetivo último de las empresas no termina en ellas sino en la sociedad.

Había sido gobernador del Distrito Federal en el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, en un paso por el servicio público que le dejó muchas experiencias, le permitió conocer otro mundo de relaciones y de necesidades y la posibilidad de manejar una realidad bastante diferente a la suya habitual, la de hombre de empresa, muy especialmente de mercadeo.

Su paso por la presidencia de la Cámara de Comercio, ahora Cámara de Caracas, estuvo marcado por el objetivo de la restitución de las garantías económicas, entonces suspendidas. Contó para eso con el apoyo de los empresarios, pero sobre todo con el de un equipo, animado por su entusiasmo y su capacidad de congregar. Venía avalado por su trayectoria frente a la empresa familiar Distribuidora Benedetti y su trabajo en compañías como Bigott, Avon, Santa Teresa, Casa Hellmund, en todas las cuales había demostrado su enorme capacidad para la planificación y la delineación de estrategias.

Durante su gestión al frente de la Cámara de Comercio apoyó la fundación de Cedice. Presidente del Dividendo Voluntario de la Comunidad y de Venezuela sin Drogas, consagró importantes esfuerzos para conseguir el apoyo que estas instituciones necesitaban, enfrentando a veces el desinterés y en otras hasta la oposición de las autoridades. Supo mezclar la capacidad gerencial con la voluntad social de servicio a la sociedad.

Su vida y su ejemplo convocan a más de una reflexión sobre, entre otros temas, la condición empresarial como integrada a la realidad político-social y atenta a las necesidades y exigencias de la comunidad. Es desde esta perspectiva como debe entenderse la relación de la empresa con la política, como dos fuerzas capaces de unirse para potenciar su capacidad al servicio del país o de enfrentarse infructuosamente, con fatales resultados para la sociedad.

Las discusiones del Grupo Roraima no han perdido vigencia. Son parte del valioso legado de Yuto. Los fenómenos descritos en los documentos del 85 y del 87 siguen teniendo valor. Los rasgos de estatismo, centralismo, populismo no han hecho sino agravarse. La propuesta de modernización sobre la base de la libertad y la responsabilidad económicas como claves de la productividad sigue siendo válida ahora como entonces.