• Caracas (Venezuela)

Gustavo Roosen

Al instante

Más que producción

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Los actores políticos han tomado la bandera de la productividad. Eso, al menos, parece deducirse de su discurso. Desde la esquina oficial se habla de la agenda económica y de los motores; desde la oposición, de una Ley para la Activación y Fortalecimiento de la Producción Nacional. El tema se repite en espacios de opinión marcados tradicionalmente por el debate puramente político e interesa incluso a personajes públicos caracterizados hasta ahora por el silencio o el apego disciplinado al pensamiento institucional.

De pronto parece que hubiera un acuerdo en poner el foco en uno de los problemas más acuciantes de la gente, el económico. Y hasta se repite, desde casi todos los frentes, el argumento de la necesidad de superar una economía deformada por el rentismo y montar una economía productiva. Hay quienes lo hacen por convicción y con seguridad, otros con no poca reticencia ideológica, por no desentonar, por ajustarse a la corriente expresada en los estudios de opinión.

¿Hablan todos de lo mismo? No, desde luego. La productividad como aspiración tiene sus variantes. Desde una perspectiva de corto plazo puede confundirse con un simple aumento de la producción. Esa es la oferta de quienes, sosteniendo sin declararlo un esquema básicamente rentista, proponen una suma de condiciones o acciones para estimular transitoriamente la producción. Se disfraza, en la práctica, el rentismo tradicional con una aspiración de seudoproductividad y se confunde reparto con estímulo a la producción. Difícil pensar que se tiene la voluntad de superar el rentismo cuando se observa, por ejemplo, la prisa para acelerar contratos para la explotación de diamantes, oro y otras piedras y minerales preciosos mientras se desoyen los reclamos por una economía diversificada y realmente productiva. Y difícil conciliar una verdadera voluntad de activar la economía cuando los discursos y promesas conviven con una sensible disminución de la actividad del sector industrial como la registrada durante el primer trimestre de este año.

La productividad, base de la competitividad, es algo más que producción. Está vinculada ciertamente con los volúmenes y con la creación de valor, pero lo está especialmente con la cultura del trabajo, con el esfuerzo, el método, los procesos, la planificación, la innovación, la tecnología. El Reporte de Competitividad Global 2014-2015, elaborado por el Foro Económico Mundial, resalta el talento y la innovación como los factores que más impulsan la productividad de las empresas y de los países. Las economías más prósperas no son necesariamente aquellas en las que se dedica más horas al trabajo, sino aquellas en las que el rendimiento es mayor porque, entre otras razones, se trabaja por objetivos, se fomentan la motivación y el compromiso y se apoya la creatividad, la tecnología y los criterios de eficiencia. Solo concebida de este modo la productividad se convierte en factor estable y seguro de competitividad, más allá de la abundancia de riquezas naturales o de los vaivenes de los mercados. La productividad no se decreta, es una cultura, un modo de hacer, de hacer más con menos y de hacerlo mejor.

Quienes interpretan las encuestas revelan las aspiraciones inmediatas de la gente: mercado abastecido, control de la inflación. Sería, sin embargo, una interpretación incorrecta si no se percibiera que las personas aspiran a la larga a una solución estable, concretada en oportunidades para formarse, trabajar, producir y crecer. Allí se expresa una de las diferencias básicas entre simplemente aumentar la producción para sortear la crisis y sentar las bases para una verdadera productividad nacional. Venezuela necesita de lo segundo. Si aspira a ser una economía competitiva, que con el actual desactualizado aparato productivo no lo es, tiene que pensar en los factores que crean competitividad y atender prioritariamente la formación de una cultura vinculada al trabajo bien hecho, a la eficiencia, a la innovación, a la tecnología, a la creación de saber en las universidades y centros de investigación y a la formación y promoción del potencial de su gente.