• Caracas (Venezuela)

Gustavo Roosen

Al instante

Nuestro fanatismo

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En pleno siglo XXI el fanatismo vuelve a sacudir a la humanidad. La cultura y el discurso fundamentalistas, enraizados en la convicción de la verdad única y del derecho de imponérsela a los demás, toma hoy las formas del terrorismo y se expresa en intolerancia, en amenazadoras posturas anti o contra, resultado y causa del temor generalizado, entre irracional y justificado, que se extiende por el mundo.

La gravedad de las manifestaciones de fanatismo vividas recientemente en Europa, Estados Unidos o Medio Oriente, sobre las cuales abundan análisis e informaciones, pueden ocultar por momentos un peligro más cercano a nosotros. Se trata de otro tipo de fanatismo, no ya inspirado en posiciones religiosas, sino políticas; un fanatismo de naturaleza y dimensiones diferentes, pero frente al cual urge también una reflexión. Es el fanatismo de la radicalidad, del sectarismo, de las posturas irreconciliables, de la negación del diálogo, de la voluntad de destruir al otro, de no contar con él, de negarle el derecho de existir. Es el fanatismo que impide a los sectores enfrentados pensar en el país como un todo, que concibe los derechos como privilegio de un sector, que asume el poder como de exclusiva propiedad, que funciona en términos de guerra y de logia.

Las condiciones de crisis y conflictividad social son el clima natural para la aparición o fortalecimiento de este tipo de fanatismo. Así lo han entendido los obispos venezolanos y lo han expresado en su reciente exhortación pastoral. Dicen: “Nos encontramos en una situación de violencia social cada vez peor. El lenguaje ofensivo, la descalificación sistemática a toda opinión contraria, incitan al fanatismo y a la irracionalidad”.

El fanatismo político se manifiesta en Venezuela como la dificultad para encontrar y definir una agenda común, para planificar con sentido de inclusión, para dialogar, para aceptar al otro con su propia visión y con derecho de disentir. Es una forma de fanatismo, presente en actitudes y consignas, que se afirma en la posición de la verdad, que niega la posibilidad de posturas diferentes, las descalifica o las entiende únicamente como amenaza. No solo no concibe la posibilidad de negociación, sino que ve traición en cualquier intento de entablarla.

Un fanatismo así no es exclusivo de los partidos o grupos organizados. Al contrario, permea a los ciudadanos o se nutre de las posturas individualistas, de quienes creen tener siempre la razón, se afirman a sí mismos en la negación de cualquier otra posición, hacen de la abstención una forma de crítica radical y generalizada, convierten las redes sociales en medios para denigrar de ideas y personas o para expresar su propia frustración. Aunque recientes estudios de opinión coinciden en señalar un achatamiento de los extremos entre afines al gobierno y a la oposición, muestran también la afirmación de una postura más individualista que centrista, anárquica, desilusionada, negadora de antemano incluso de la posibilidad de una salida. Es el fanatismo del no creyente, el que lleva a la abstención, al inmovilismo o a la acción espasmódica, irracional, sin contenido y sin fines. Es el fanatismo que abre las puertas a la ingobernabilidad.

A propósito de las recientes manifestaciones de fanatismo en Europa, George Friedman advierte sobre el peligro de galvanizar a la población y llama a los líderes a no enardecer, a poner las cosas en su punto, a optar por un discurso de racionalidad, a no convertir el sentido de protección en voluntad de agresión. Buena lección para todos. Nacido muchas veces del miedo, el fanatismo termina incrementándolo. El miedo, sin embargo, no es buen compañero. Las sociedades no se fortalecen con el miedo, la desconfianza, el desconocimiento o la eliminación del otro; al contrario, solo logran hacerlo cuando su motor es la confianza, el sentido de inclusión, cuando son capaces de trazarse un plan común y comprometerse con él.

Contra el sectarismo, pariente del fanatismo, se impone una visión consensuada de país y la voluntad conjunta de alcanzarla.

nesoor10@gmail.com