• Caracas (Venezuela)

Gustavo Roosen

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Gustavo Roosen

Por el diálogo educación-trabajo

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Cada día aparecen nuevas señales que advierten sobre el estado de contracción del sector productivo venezolano. La de ahora viene desde el ángulo de la capacitación de los jóvenes para incorporarse al empleo y a la producción. No es solamente que el INCES, ahora con la s socialista, ha desviado su función y abandonado sus propósitos iniciales, sino que incluso los esfuerzos del sector privado en este campo pasan por un momento de declinación. Así se revela en un reciente informe de la Fundación Educación Industria, Fundei, que reconoce la reducción del número de pasantes y la atribuye, con razón, a la contracción económica, la pérdida de empresas privadas y la menor participación de las instituciones del Estado en los programas impulsados por ella, básicamente pasantías, becas, formación para la inserción profesional, formación para emprendedores, perfeccionamiento profesional.

Desde hace 38 años Fundei viene cumpliendo su propósito de estimular el desarrollo del talento humano, apoyar la formación de los jóvenes y contactarlos con las oportunidades de trabajo. En su función de engranaje entre el mundo académico y el sector empleador, ha sabido expresar la voluntad de más de 1.500 empresas afiliadas y de más de 600 instituciones académicas y organismos de cooperación empeñados en estimular la formación de los jóvenes y su integración al trabajo productivo. La capacitación ha sido vista por todos ellos como la condición para un mejor desempeño en el mundo laboral y, en consecuencia, para la productividad.

Una de las barreras con las que tropieza el necesario diálogo entre educación y trabajo es la falta de pertinencia entre las necesidades reales de la economía y los contendidos y prácticas de la educación. En el origen de esta brecha está, entre otros factores, el distanciamiento entre los responsables de definir políticas públicas, el sector académico y el sector empresarial. Lo mostró también Fundei en su reciente presentación al aludir a la investigación conducida por Mckinsey & Company sobre más de 100 iniciativas en el campo de la relación educación­trabajo en 25 países.

La investigación revela que más del 70% de los empleadores no tiene comunicación con las instituciones educativas a pesar de la brecha existente respecto a las carreras, contenidos, dominio de competencias y destrezas que afectan el rendimiento profesional y las oportunidades de inserción laboral. Revela también que la mitad de los jóvenes no están seguros de si la educación que reciben realmente les está aumentando posibilidades de conseguir empleo; que más de un tercio de las instituciones educativas no pueden estimar la tasa de empleo que van a tener sus egresados; que más del 25% de los graduados no consigue empleo en la disciplina estudiada y debe emplearse en otras áreas; que para cerca de 40% de los empleadores la falta de competencias y destrezas es la principal razón que les impide llenar las vacantes disponibles para recién graduados.

Vincular productivamente el sector empleador con el educativo sigue siendo una labor imprescindible. De allí la conveniencia de apostar por el fortalecimiento y renovación de las instituciones dedicadas a este fin. El país necesita de estas iniciativas y de estos esfuerzos, minimizados desde el poder por una visión excluyente que aspira a la hegemonía en todos los espacios, que ve enemigos en todo lo que no puede controlar. La acción del sector privado en este terreno, impulsada por su sentido de responsabilidad y su voluntad de hacer, no releva al Estado de su obligación. Sigue siendo una de las más necesarias inversiones, más aún en esta Venezuela de hoy con casi ocho millones de jóvenes entre 15 y 29 años escasamente atendidos por las políticas de educación y empleo; en esta economía en la que se ha producido en los últimos años una caída del 36% del parque industrial, con la pérdida consecuente de más de 300 mil puestos de trabajo.

Estimular los esfuerzos para recuperar la economía y abrir oportunidades al empleo productivo pasa también por ampliar el diálogo escuela-empresa, educación-trabajo.