• Caracas (Venezuela)

Gustavo Roosen

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Tormenta perfecta

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El periodista argentino Andrés Oppenheimer advertía hace unos días que América Latina se enfrenta a lo que llamó una “tormenta perfecta”, caracterizada, a su juicio, por la desaceleración económica en China, la caída de precios de las materias primas, una fuga de los inversionistas a países más seguros y la posibilidad de que la Reserva Federal de Estados Unidos suba pronto sus tasas de interés, lo que encarecería la obtención de créditos o el pago de las deudas. Para colmo, añadía, “la mayoría de los países sudamericanos están mal preparados para enfrentar estos retos porque tienen poco para exportar que no sean materias primas”. Esta es precisamente la condición de Venezuela, dramáticamente acentuada ahora por la baja de los precios del petróleo.

Para describir el caso Venezuela, a las variables enunciadas por Oppenheimer habría que añadir otras, como una doble preocupante dependencia: a corto plazo la de la importación de alimentos para compensar el fracaso en la gestión agropecuaria; a mediano plazo, la del petróleo, cuando la presión ambientalista y el avance tecnológico reduzcan la importancia de los hidrocarburos en campos de alto consumo como el del transporte.

Por encima de la información oficial –tardía o inexistente– la dependencia de la importación de alimentos y el mal manejo de esta actividad por parte del Estado-importador es evidente. El incremento de las importaciones no ha impedido una grave e inocultable situación de escasez. Lo observa y lo sufre la población. Corrupción e ineficiencia han marchado de la mano. Embarques perdidos en el puerto o antes de llegar al mismo, infraestructura vial deficiente, falta de silos en condiciones adecuadas para el almacenamiento, ineficiencia en la distribución son solo algunas de las razones que explican la escasez, sin mencionar la fundamental: la caída de la producción, el fracaso de una acción oficial cuyo resultado ha sido el entorpecimiento de la actividad privada y la sustancial reducción de la producción nacional. Un país con vocación agrícola y ganadera, incluso con tradición exportadora de algunos rubros, hoy debe importar buena parte de lo que consume. Hace solo unos días el gobierno venezolano suscribió un nuevo contrato para importar este año 112.000 toneladas de arroz de Surinam, que se suman a las 150.000 toneladas anuales acordadas con Guyana. Quedan atrás los tiempos de la Venezuela exportadora de arroz. Ojala la carrera por llenar los anaqueles antes de las elecciones no termine en otro descalabro.

El otro dato para un país con grandes reservas de petróleo es el de la presión ecologista y de los avances tecnológicos, factores que permiten anticipar una reducción en el consumo de petróleo especialmente en la industria del transporte. Toyota anunció ya que a partir del 2050 no ensamblará más vehículos con motores de combustión interna. Se ha propuesto como objetivo incrementar el uso del hidrogeno y ofrecer al mercado vehículos eléctricos, híbridos e híbridos plug-in. Boeing, por su parte, anunció el descubrimiento de un nuevo metal altamente resistente y muy liviano, cuya incorporación en el ensamblaje de los aviones reducirá significativamente su peso y por lo tanto el requerimiento de combustible. La empresa viene trabajando en este material desde el 2011. En solo 4 años ha hecho su presentación formal. Lo próximo será utilizarlo en prototipos y luego en sus nuevos modelos.

Para Venezuela, salir de la tormenta exige romper estas dependencias, para lo cual hará falta mucha claridad, mucha honestidad y mucha voluntad política. La independencia alimentaria solo se logra con más producción. La económica con orden en el gasto público, con saneamiento de las deudas, con políticas realistas de crecimiento, con estímulo a la producción y a la diversificación, con inserción en la economía del conocimiento, con aliento a la vocación exportadora. La encrucijada de Venezuela exige un programa de ajustes económicos consensuado, realista, con soluciones técnicas a largo plazo. Negar su necesidad o perseguir a quienes las proponen solo puede conducir a acelerar el descalabro.

 

nesoor10@gmail.com