• Caracas (Venezuela)

Gustavo Roosen

Al instante

Reclamos desde adentro

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Tema casi insoslayable de información y análisis, Venezuela se ha vuelto en el ámbito internacional no solamente objeto de atención, sino especialmente de preocupación. De hecho, no hay publicación seria que no constate la grave situación que atraviesa en lo económico, lo político y lo social. Especialmente desde la perspectiva económica, los análisis coinciden en advertir una condición preocupante de deterioro expresada en alta inflación, sobrevaluación de la moneda, desorden en la política cambiaria, endeudamiento, déficit fiscal, descontrol del gasto público, destrucción del aparato productivo, escasez, contracción de las importaciones, pérdida del poder adquisitivo de la población.

El cuadro dibujado por los analistas no parece haber merecido la atención del gobierno nacional. La reacción, por lo menos la pública, ha sido la descalificación. No importa si se trata del FMI cuando advierte una recesión de 10% y una inflación acumulada de 160% para finales de 2015, o de la Celac cuando pronostica para el mismo año un decrecimiento del orden de 6,7%. Igual sucede con las predicciones que anuncian para 2016 una contracción económica de 6% y una inflación de 200%, o con la conclusión de los analistas que consideran inevitable para el año próximo una fuerte devaluación oficial del bolívar.

Tanta o menor atención que estas voces han merecido los juicios de los analistas nacionales, interpretados por el gobierno como expresiones de conspiración cuando no de seguimiento a líneas políticas imperiales. Últimamente, sin embargo han surgido desde el propio partido de gobierno algunas voces de alerta. Se trata de figuras ligadas históricamente al ideario o a la ilusión revolucionaria y socialista, algunas con experiencia reconocida, algunas incluso en funciones de gobierno o de representación oficial o partidista, que advierten sobre lo insostenible de la situación, lo equivocado de algunas políticas y, especialmente, sobre el sinsentido, económico pero también político, de tratar de mantenerlas.

Son voces desde dentro que sugieren o reclaman eliminar el desorden del sistema cambiario, atender la producción para corregir la inflación, no dejar para más tarde lo que ya es impostergable. Advierten la urgencia de ajustar la economía y el gasto público, de imponer un orden de prioridades, de avanzar en un reordenamiento que comience por el presupuesto, de dejar de atribuir el estado de la economía a la baja de los precios petroleros, de adoptar medidas postergadas por años como la eliminación de subsidios indirectos –el precio de la gasolina, por ejemplo– que desangran la economía y no favorecen a quienes más los necesitan. Insisten en su análisis sobre las consecuencias de un bolívar sobrevaluado, sobre la reticencia oficial para reconocer las evidencias de una nueva situación y sobre el coraje necesario para hacer los ya imprescindibles ajustes.

El gobierno parece negado a escuchar estas voces, como tampoco la de los ciudadanos corrientes, las que se manifiestan en la calles o se ven reflejadas en los estudios de opinión, en los que se constata, incluso en las filas de los partidarios del gobierno, no solo una actitud angustiada y crítica, sino la atribución cada vez más clara de responsabilidad al gobierno. Las más recientes encuestas muestran no solo una mayor conciencia de la gravedad de la crisis sino un agravamiento de la desconfianza en la capacidad del gobierno y del sistema promovido por él para resolverla.

Si algo se impone como conclusión de este coro de voces es un reclamo a los gobernantes a dejar de comportarse como agentes políticos de un partido y asumir soluciones de Estado, con visión nacional, sobre la base de la realidad, liberándose de la testarudez, la ceguera o la inacción, atendiendo lo inmediato pero superando la visión corta de la política y de los intereses de grupo, de partido o de posición ideológica. No le faltan elementos para el análisis. Lo que desde tantos frentes se reclama, ahora incluso desde sus propios partidarios, es conciencia de la gravedad de la situación y voluntad de rectificación.

 

nesoor10@gmail.com