• Caracas (Venezuela)

Gustavo Roosen

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Gustavo Roosen

Integración en positivo

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¿Real o artificial? ¿Cuál es la integración que se persigue? Basada la primera en las necesidades reales de los pueblos, inspirada la segunda en cálculos políticos o apetencias de liderazgo, los resultados se expresan en apertura de oportunidades para la generación de riqueza y bienestar o, al contrario, en una maraña de indefiniciones, controles, discursos y vacío de realizaciones.

La Alianza del Pacífico se inscribe en un modelo de integración esperanzador, pragmático, con vocación de éxito, basado en la libertad individual, la propiedad privada y la capacidad de superación, como bases para el desarrollo humano y la generación de innovación y empleo productivo. Surge, como ha declarado el presidente Humala, del reconocimiento de las fuerzas productivas y de su capacidad para impulsar innovaciones y tecnología. Recoge la experiencia del intenso intercambio entre empresarios de América Latina con el resto del mundo, particularmente con el asiático, y asume la exigencia de acercarse a esa economía venciendo la dependencia de las materias primas, abriendo oportunidades para la inversión y creciendo en productividad y competividad.

Frente a la actitud aislacionista de unos o el discurso populista de otros, la Alianza del Pacífico se muestra como una alternativa más firme, más moderna, con más capacidad para impulsar el intercambio y estimular el desarrollo. En contraste con anteriores esfuerzos integracionistas, reducidos a foros para la controversia o la acción política y alimentados por un discurso de promesas, este nuevo modelo quiere caracterizarse por un acento positivo, pragmático, de decisiones y realizaciones concretas, con un discurso inspirador basado en retos, objetivos y compromisos.

Ese fue, precisamente, el tono de los presidentes de Colombia, Chile y Perú y del ministro de Economía de México en el reciente foro sostenido en New York con empresarios e inversionistas. Sin alardes oratorios, se trató allí de reglas de responsabilidad fiscal, creación de estándares internacionales de calidad en el tratamiento de los temas ambientales y en la provisión de bienes y servicios, políticas de educación y capacitación orientadas a fortalecer la competitividad, integración de infraestructura, transmisión eléctrica, precios de intercambio del gas, acuerdos entre líneas aéreas y abaratamiento de pasajes, integración del sistema de aduanas, promoción conjunta del turismo, liberalización del comercio con una meta de 99% para el año 2020. Como señalaría Moisés Naím, moderador del foro, “más que discursos, decisiones concretas”.

Concebida como una alianza abierta y dinámica, cuyos socios comparten principios, valores y actitudes, la Alianza del Pacífico no quiere definirse como un bloque político sino como un “bloque de fortalecimiento de las fuerzas productivas, orientado a mejorar nuestros índices de desarrollo humano”, en palabras de Humala. No pretende ser un fin, sino apenas un medio. El gran objetivo es “convertirnos en países desarrollados, vencer la pobreza, crear más oportunidades de igualdad” ha dicho Piñera, el presidente chileno. Aceptando simultáneamente los principios de complementariedad y competencia, el camino es, para todos, la construcción de un modelo eficaz en la reducción de la pobreza y en el fortalecimiento de la economía de cada uno y del conjunto de los integrantes del bloque, por ahora cuatro países que han alcanzado altos índices de desarrollo, que miran al futuro y que están concitando la atención y el interés de muchos.

La construcción de esta integración en positivo refuerza la importancia de la educación superior y valora los esfuerzos que se promueven para convertirla en instrumento de desarrollo humano y generación de innovación, ciencia, tecnología y empleo productivo.

La Alianza del Pacífico representa la visión realista de cuatro países frente a las oportunidades de la economía global y la voluntad de cuatro gobiernos capaces de retarse a sí mismos y de retar a sus pueblos a ser mejores, a construir desde sus potencialidades, a romper con las formas de la dependencia que alimenta el populismo.