• Caracas (Venezuela)

Gustavo Roosen

Al instante

Dialogar y hacer

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¿Qué puede ofrecer el empresario en este difícil momento del país? Posiblemente dos cosas de necesidad apremiante: capacidad de hacer y capacidad para dialogar.

Contrariamente a una deformación cultural o ideológica que le atribuye al empresario una enfermiza obsesión por el lucro como único interés y ve en sus actuaciones exclusivamente la defensa de sus egoístas intereses, la dimensión del empresario coincide más con la posición de alguien que vive y participa de la angustia que afecta a toda la comunidad, que se interesa por la economía del país y por las consecuencias en la vida de la gente, que se ocupa de asegurar los bienes y servicios que demanda la población, que valora su beneficio económico pero también y muy especialmente el bienestar colectivo y la paz social, que se preocupa por la vitalidad de la economía en general pero muy especialmente por la satisfacción de sus públicos de interés: sus trabajadores, clientes, socios, proveedores. Esos intereses son, en muchos sentidos, también su interés. Incluso desde la perspectiva más estrecha de la ganancia, sabe que su suerte está vinculada a la de todos ellos. De allí se deriva su actitud, más proactiva y abierta de la que se le atribuye. Su angustia responde ciertamente a su condición de ciudadano corriente pero también, y mucho, a la de hombre de empresa responsable.

No se trata de una angustia artificial ni circunstancial; tampoco de una postura para ganar afectos. El empresario padece la crisis como todos, agravada con los particulares problemas que su condición de productor representa. Sabe que la principal responsabilidad de la empresa ante la sociedad es crear riqueza y empleo, además de generar los beneficios que hagan posible su sustentabilidad y su crecimiento. Sabe también que la iniciativa empresarial es una herramienta clave para asegurar la capacidad productiva de la economía. Su contribución al bien común se materializa en la oferta de bienes y servicios, en la generación de empleo, en la dinamización de la economía.

Siempre, pero más en estas condiciones, el aporte del empresario está vinculado con su capacidad de hacer, de formular objetivos, tomar decisiones, establecer metas y medios, lograr eficiencia y obtener resultados. Es lo que puede ofrecer. Al país no le es suficiente el anuncio de unos motores que no arrancan. Si hubiera que resumir las causas de la aguda crisis que afecta a Venezuela habría que señalar la propuesta de un modelo equivocado, la incomprensión de la realidad económica, pero, además, la falta de capacidad para hacer, para producir resultados. Se escucha más a quienes insisten en salidas probadamente condenadas al fracaso que a quienes advierten de los errores y los riesgos. Se les presta más atención a quienes alientan la obstinación que a quienes convocan a la reflexión. La desconfianza pesa más que el sentido común. Los intereses del poder siguen imponiéndose sobre los intereses de los ciudadanos, la capacidad de destruir sobre la capacidad de hacer.

El otro plano en el que empresariado tiene mucho que aportar es en el del diálogo. Está en su naturaleza la disposición a analizar, a entender al otro, a conciliar intereses, a negociar, siempre sobre la base del respeto a los principios y a los valores. Una equivocada posición oficial de desconfianza, cuando no de agresividad o revancha, mantiene al empresariado fuera del diálogo o solo como invitado circunstancial, condicionado a la estrategia oficial y a sus objetivos más inmediatos. El diálogo, en cualquier caso, tanto el político como el económico y el social, no tendría sentido si el propósito se limitase a ganar tiempo, a dejar las cosas como están o a prolongar indefinidamente una situación que no aguanta más. El diálogo que reclama el país y en el que la participación del empresariado puede ser útil es un diálogo para esclarecer, para avanzar, para destrabar, para rectificar, no para entorpecer, burlar la confianza de la gente, maquillar la situación y mantenerla.

Capacidad de hacer y capacidad de dialogar son dos de los aportes que el empresario puede ofrecer. Y más en esta hora.