• Caracas (Venezuela)

Gustavo Roosen

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COP21, nueva esperanza

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Cuando el 11 de diciembre concluya en París la COP21 (forma abreviada del inglés para la vigésimo primera Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático), sus resultados provocarán al menos tres tipos de reacciones: la de quienes piensan que los gobiernos del mundo han tomado finalmente conciencia de la gravedad de los riesgos vinculados al cambio climático y han asumido un compromiso unánime para hacer frente al problema; la de quienes ven pocas posibilidades para un acuerdo en cuya elaboración no encuentran sinceridad ni voluntad de cambio y, finalmente, la de quienes creen que los líderes y los negociadores atendieron más a los intereses de los grandes países industrializados y de la corporaciones energéticas que a las voces de la ciencia y a las aspiraciones de la humanidad. Lo que será para unos un gran paso en la preservación de la casa de todos, será para otros la renuncia a una posición humanista y la claudicación frente a los intereses económicos del desarrollo.

No habiendo concluido todavía el encuentro en la golpeada capital francesa, si hubiera que adelantar una opinión sobre sus resultados a juzgar por los primeros días habría que consignar algunos esperanzadores avances en relación, por ejemplo, con el Acuerdo de Kioto 1997. No se trata solamente de la presencia de un mayor número de países, 195, sino especialmente de una actitud más abierta, menos renuente, más comprometida, de actores de primera línea como Estados Unidos y China, ahora más dispuestos a un programa ambicioso, alcanzable, expresión de una mayor responsabilidad compartida y generador de obligaciones, en línea con la posición de la Unión Europea que apuesta por un protocolo con acuerdos vinculantes.

El otro gran avance es, sin duda, la constatación de una más generalizada y madura conciencia de responsabilidad, tanto de cada país como en el conjunto de ellos, así como de una mejor percepción de la dimensión de los riesgos y de la urgencia de evitar una catástrofe que comienza a mostrarse ya en los daños y en sus víctimas. La aspiración a un concepto de desarrollo y a una economía más respetuosos del ambiente comienza a expresarse como una preocupación real por las condiciones de vida de las futuras generaciones. “Nuestra generación no va a ver los resultados, pero los vamos a lograr para nuestros hijos y nuestros nietos” ha dicho Obama, mientras Merkel ha clamado por la “justicia intergeneracional”.

El resultado de las discusiones quedará consagrado en el Protocolo de París, texto que dejará constancia de los compromisos nacionales de reducción de emisiones y trazará el camino para evitar que el calentamiento global supere los dos grados centígrados hasta finales del siglo. Se reclama con razón la falta de una disposición que haga vinculantes los compromisos y que apele a una política de sanciones y de incentivos; sin embargo, muchos de los compromisos voluntarios de reducción de emisiones ya apuntan en esa dirección, como los declarados por los países de la Unión Europea que se han fijado unas metas concretas para 2030 al margen de la cumbre.

A quienes afirman que el problema del cambio climático pasa por un cambio de sistema quizá habrá que recordarles que pasa también por un vigoroso cambio tecnológico ya en marcha, uno de de cuyos principales componentes tiene que ver con la energía. Si el calentamiento global parece de algún modo ligado al consumo de hidrocarburos, los avances tecnológicos en el campo energético apuntan a la diversificación de fuentes y a una mayor eficiencia energética como medios para una máxima reducción de los posibles efectos negativos sobre el ambiente. No es desechable esta consideración para los países dependientes de la producción y exportación de hidrocarburos, como no lo es en general, en la economía del conocimiento que vivimos, para ninguno cuya única fortaleza sea la disposición de materias primas. Es aquí donde se conjugan dos tendencias mundiales: la que se interesa por nuestro hábitat, nuestra casa, y la que se apoya en la tecnología, la innovación, el conocimiento. Ambas están presentes en este COP21 parisino.

 

nesoor10@gmail.com