• Caracas (Venezuela)

Gustavo Roosen

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Gustavo Roosen

Año de prueba

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Si alguna percepción es unánimemente compartida al arrancar 2015 es que viviremos un año especialmente difícil, exigente. Así será para todos, pero de manera particular para el liderazgo. No solo el político. También el económico, el académico, el empresarial, el laboral. No podrá ser de otra manera frente a las decisiones económicas que deberán ser asumidas y las consecuencias sociales y políticas que habrán de derivarse de ellas.

Además de las condiciones propias del liderazgo, la situación que vivirá el país en 2015 exigirá de quienes aspiren a ejercerlo una actitud y un comportamiento excepcionales, cónsonos con tiempos de incertidumbre y turbulencia. Será la diferencia entre guiar con buena luz, en condiciones previsibles y mar en calma o hacerlo entre nubarrones, sorpresas y vientos encontrados.

¿Qué esperar del liderazgo en las difíciles condiciones que se avecinan? Lo primero, honestidad, sinceridad, apego a la verdad a todo riesgo, capacidad para interpretar tiempos y circunstancias y para proponer líneas de acción realistas, motivadoras y movilizadoras. Se impone como nunca un discurso y una conducta sin falsificaciones, sin ocultamientos, sin estridencias, sin promesas imposibles de cumplir ni expectativas engañosas, generadoras unas y otras de frustración.

Un comportamiento así exigirá claridad y valor: claridad para ver, para interpretar, para dar con la palabra o el gesto adecuados, para proponer caminos diferentes; valor para decir a tiempo y con firmeza, para convocar a la acción, para admitir las diferencias de criterio y de propuestas, para facilitar su confrontación, y muy especialmente para liberarse de la presión de las círculos de poder o del peso de los intereses personales o grupales.

En los complejos momentos que habremos de vivir, del liderazgo se espera la construcción de un discurso que unifique, con dimensión de país, no de facción, integrador sin desconocer las diferencias, conciliador sin concesiones en lo fundamental, capaz de interpretar a la gente y de ser correctamente interpretado. Un liderazgo dialogante, atento a escuchar a propios y extraños, con voluntad para negociar sin claudicar, con formación para proponer nuevas ideas más que de repetir consignas, para escoger los equipos, organizar, movilizar. Alguien capaz de levantar la voz y ser escuchado, de hacerlo con firmeza, sin estridencia, dispuesto a estimular otros liderazgos, apoyarse en ellos, construir la fortaleza sobre las bases de la unidad y la diversidad.

Se espera un liderazgo humilde, valiente, sabio, paciente, consciente de la importancia de su papel, pero también de su condición de prescindible, dispuesto a correr riesgos, con capacidad para resolver las dudas y no perderse en ellas, con personalidad para advertir el riesgo de las salidas fáciles y frenar posiciones intransigentes o entusiasmos sin asidero.

El país y las instituciones esperan más un líder que un mártir, más un animador de la acción colectiva que un anunciador de milagros, más alguien con el título ganado en el trabajo y avalado por resultados que uno designado por las habilidades de la componenda, la apelación a la herencia o el poder de la propaganda. Alguien de probada responsabilidad y resistencia, capaz de generar entusiasmo pero sobre todo confianza, de mover más que conmover, de convencer más que imponer, de llamar a la reflexión incluso en las horas de mayor euforia o desencanto.

Pocas cosas tan peligrosas para la sociedad y las instituciones como la ausencia de liderazgo, como el sentimiento de orfandad, de desamparo, de engaño, de haberse quedado sin representación. Pocas situaciones también tan destructoras como la perturbación de voces y líneas de acción discordantes. Frente a este riesgo corresponde al liderazgo resolver las contradicciones, reales o aparentes, entender las razones de la desconfianza o del desaliento, compartir el sentido estratégico de la acción acordada, admitir que su función no es sustituir sino animar, no secuestrar la participación sino estimularla.

2015 será, sin duda, un año de prueba para el liderazgo.


nesoor10@gmail.com