• Caracas (Venezuela)

Gustavo Briceño

Al instante

Otra vez lo mismo

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Es desafortunado comprobar lo que está sucediendo con una institución de la democracia como lo es la Defensoría del Pueblo. Una institución por la que hemos luchado para que sea ejemplo de defensa de los derechos humanos, y centro de formación de políticas públicas democráticas para todo el mundo. La Defensoría del Pueblo, ya lo hemos dicho en varias oportunidades, es una institución que si se llevara objetivamente e imparcialmente sería una profesora de democracia. Así está concebida en sus inicios y en muchos países del mundo ha servido para lograr de ella una esperanza de vida justa y una protectora eficaz de los derechos humanos.

Mortificado y pensando en ella, hemos constatado, como en estos días la designación del nuevo defensor del pueblo es desde luego otra designación de un nuevo defensor del gobierno, lo cual tergiversa y contradice abiertamente no solo la carta magna venezolana y su ley de creación, sino la institución por la que tantos años hemos combatido y soñado. Pues bien, con la nueva puesta en práctica de un decreto presidencial que autoriza con criterios discrecionales la utilización de armas de fuego en manifestaciones de la sociedad civil y el del pueblo, el nuevo defensor guarda silencio o simplemente deja pasar el tiempo para no pronunciarse, por cuanto de expresar una posición legal y justa la misma sería en contra de los intereses del gobierno y de sus absurdas pretensiones políticas y sociales. Es decir, viendo y analizando el citado decreto ministerial, a todas luces se observa una violación al artículo 68 de la Constitución que prohíbe de forma expresa la utilización de armas de fuego en manifestaciones públicas de los ciudadanos, cuando deciden protestar, como en toda democracia contra los abusos del gobierno. Es decir, apoyar hoy día que el ministerio de la defensa pueda hacer uso de armas de fuego contra manifestaciones, por ejemplo estudiantiles, no es más que el apoyo descarado a una grotesca violación constitucional y una irremediable e irresistible violación al derecho humano de la protesta, Así de simple.

¿Cómo podemos protestar frente a ello y asomar al mundo y muy especialmente a todas las instituciones de la democracia, ombudsman del planeta, que observen semejante atropello de esta Defensoría del Pueblo incapaz de asumir un compromiso con la verdad y la democracia? Es desde luego el escamoteo vulgar de una institución cada vez más disminuida en el tiempo, tanto en sus orígenes, -ya lo dijimos en su oportunidad-, como en sus actuaciones. Yo por mi parte, lo que puedo hacer es enviar este artículo de opinión a la mayoría de las instituciones e institutos encargados de promover e instalar la institución tanto en América Latina como en Europa. Ahora, les expreso estimados lectores, que temores tengo, ciertamente de repente un día mi esposa y mis hijos sientan gases lacrimógenos frente a la casa nuestra y observamos un guardia de esos, y nos diga que somos violadores de la revolución, quizás exagero, pero no todo es ahora irrealizable, el nuevo defensor del pueblo diría que eso lo está estudiando. Así lo pienso.

@gbricenovivas