• Caracas (Venezuela)

Gustavo Briceño

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Otra vez la injerencia

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La injerencia es una acción por medio del cual un estado interviene en los asuntos internos de otro alterando la soberanía del estado intervenido, es ciertamente, una intervención no acostumbrada en Derecho internacional, más protegida por los tratados internacionales a los fines de impedir cualquier hecho o circunstancia que hagan perecer la paz de los pueblos. De este último significado, se puede definir a este sustantivo también como el acto y el resultado de entrometerse en cuestiones ajenas. Esto en Política se conceptualiza como la intromisión de un estado o país en la política interna de otro cuya máxima expresión vendría a ser la guerra ya calculada, que es el pase prevenido y alterado gravemente en contra de la soberanía del pueblo y su gobierno.

Ahora bien, esta noción de injerencia dicha de una forma muy convencional y didáctica tiene y se ha constituido con ciertas variantes ya en la doctrina del derecho internacional y sobre todo en los interesantes manuales doctrinales y jurisprudenciales del derecho internacional de los derechos humanos, por cuantos estos, constituyen una barrera muy significativa que permite, si se quiere, cierta injerencia entre estados bajo el supuesto de proteger los propios derechos humanos y todo lo que ello significa en un momento de crisis en el contexto actual de un mundo globalizado. Es, desde luego, una ruptura medida al concepto tradicional de soberanía que tantos problemas ha dado al mundo de las relaciones internacionales finalizado el siglo XX.

Además, aquí el gran valor universal de la injerencia es el hecho medular de que el derecho humano más importante, (y así opina quien esto escribe) es la democracia como valor y principio esencial de una nación encarada a mejorar y satisfacer su derecho a la vida y a percibir un mundo distinto donde los poderes públicos funcionen y la humanidad sea llevada con armonía, entereza y desarrollo, partiendo de una noción de democracia de alcance elemental y de aceptación universal. La democracia es entonces: el más importante de los derechos humanos.

Pero como todo en la vida de la política está conformada por lo ideológico  e interesadamente delineado a esos fines, las injerencias, es decir las intromisiones, a veces convienen y a veces no. Si el señor Samper, por ejemplo, dice que en Venezuela existe una separación de los poderes públicos, -que también es un derecho humano- no es injerencia porque está opinando como presidente de una organización internacional regional, en cambio, sí otro presidente dice lo contrario, manteniendo la tesis de que en Venezuela no existe separación de poderes públicos, es injerencia y es motivo de condena o rechazo por afectar la soberanía del pueblo de Bolívar. Esta apreciación la hago, por cuanto el fariseísmo campea, también en los corrillos internacionales, por la política de un gobierno desfasado e incongruente que no asume de verdad su política internacional como fuese amparado por las leyes humanitarias donde los derechos humanos juegan y se extienden en un plano objetivo y preciso de defensa de estos últimos, es desde luego, eso que llaman (y por cierto lo observo como una expresión puesta y llena de convencionalidad por las acciones actuales) como un gobierno forajido, que actúa en consideración a instintos personales y pequeños medio militares o algo por el estilo, etc., en presencia de organizaciones internacionales que alejan a nuestro país, del concierto de las políticas diplomáticas donde las leyes y las normas deben de cumplirse con honestidad y decencia. Hagamos una mirada sencilla y sin mucha profundidad intelectual. Veamos por parte de este gobierno sus cancilleres: son todos representantes genuinos del ideologismo político clásico y constataran las acostumbradas incongruencias personales en el escenario internacional. Inclusive, pienso que muchas veces se equivocan hasta en la definición de la expresión “golpe de Estado” tan cacareada en estos tiempos. Yo diría sin ánimo de polémica o diatriba que hasta en eso violan los derechos humanos. Así muy formalmente lo creo.

gbricenovivas@gmail.com