• Caracas (Venezuela)

Gustavo Briceño

Al instante

Gustavo Briceño

Las verdades de un Carnaval cotidiano

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Los días de Carnaval son muy propicios para conversar sobre ellos. Ciertamente, estos interesantes días de la cultura ancestral tienen variadas interpretaciones. Desde hace muchos años, y producto de la crisis moral y ética que sufrimos los venezolanos, en puridad de conceptos, muchos viven disfrazados todos los días del año. Y el único momento del año que no se disfrazan, es justamente los días de Carnaval. Cuando se disfrazan de borriquita o de vaquero o de charro o de idiota, no solo se abren verdaderamente frente a los demás, sino que, un día al año, dicen realmente quiénes son y exponen su verdadera personalidad. Es una desgracia, pero hay que decirlo con manifiesta sinceridad: el venezolano suele ser falso frente a las acostumbradas distorsiones que experimenta en su vida diaria y cotidiana. 

Se tiene el disfraz del “nosotros” y luego a la hora de la verdad se esconde o se disfraza frente al yo de una manera desvergonzada. Así lo vemos en relación con los problemas económicos y sociales del país y las ya acostumbradas desavenencias, y el mundo ficticio y loco de la moneda del dólar con relación al bolívar. Todo el mundo se disfraza de querer la sana economía y basta que el dólar suba para que vaya todo el mundo a cambiar sus dolarcitos o cuando el gobierno saca un Sicad (una oferta para apaciguar a los descontentos) para que ocurra en masa la gran clase media a cambiar y tener más dinero, haciendo, por supuesto, el gran juego al peor disfrazado de todos que es el  gobierno. Es producto de lo que en estos años hemos denunciado a diario: la falta de cultura democrática presente en la gente y que enloquece a todo analista que se acostumbra a mirar hacia un país como el nuestro, lleno de inquietudes y al mismo tiempo saturado de incongruencias y frustraciones. Desde luego, y curiosamente, se desarrolla una actividad de gentes jóvenes con ánimos de superar el mundo del disfraz y todo lo que ello significa actualmente, sin embargo, estos últimos no arrancan frente al desespero que significa ver el atropello de un régimen político que hace con nuestra patria lo que le viene en ganas. Quizás yo hoy me encuentro incómodo o molesto –espero se me pase– al ver la cantidad de disfraces que veo a mis alrededores, cuando (un ejemplo muy normal) el gobierno se disfraza de demócrata y revolucionario, inventando del mismo modo un golpe de Estado para ocultar su fracaso en todos los ámbitos de la política social, la más grave de todas, y constatar, por ejemplo, la falta de una oposición unida y contestataria que omite inexplicablemente la denuncia de que sectores de este gobierno colocan el dinero de nuestro pueblo en bancos extranjeros. Aquí pues, se disfraza todo el mundo, unos de autócratas y hasta de aristócratas y en el fondo son unos legitimadores rezagados del desastre, que no alcanzan a demostrar sus verdaderas caras, y los peores: aquellos que se consideran libres y demócratas y en el fondo no son más que alardeados sujetos que le hacen el compás desvergonzado al presente régimen, al que siempre se disfraza de caperucita roja pero que en el fondo de su ser no es más que un verdadero lobo feroz. Así lo creo.