• Caracas (Venezuela)

Gustavo Briceño

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La sentencia contra Copei

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El socialcristianismo ha sido una ideología mundial extendida a lo largo de muchos países, tanto en Europa como en América Latina. Basada en las enseñanzas de la Iglesia Católica y con la inspiración formal de la Encíclica Rerum Novarum (León XIII - 15 de mayo de 1891) y las consecuencias que ello implica principalmente en el mundo occidental, su tendencia es fundamental en el nacimiento y consolidación de partidos como Copei, cuya fundación data de 1946 con el estímulo de dirigentes políticos de prestigio nacional e internacional. Ciertamente, ya con el nombre de Copei, se hizo partido político con un programa propio y un extraordinario alcance en todo el país, con la llegada al poder de hombres de la talla de Rafael Caldera, Luis Herrera Campins, Arístides Calvani, Enrique Pérez Olivares, Pepe Rodríguez Iturbe, etc, por solo nombrar unos pocos. Es decir, Copei como organización política ha sido actor fundamental en la historia de Venezuela.

Esta mínima introducción la reseño por cuanto el régimen político que actualmente impera en nuestro país ha decidido –en consideración a circunstancias inimaginables– acabar con los partidos políticos de la Venezuela contemporánea, muy especialmente aquellos que dieron vida histórica y social a partir de la llegada al poder del general Eleazar López Contreras. Digo inimaginable por cuanto la forma de hacerlo y de congeniarlo raya, no solo desde el punto de vista meramente dictatorial, en la utilización inmoral y antiética de todos los poderes del Estado que consagra la Constitución, muy particularmente la instrumentalización incondicionada del Tribunal Supremo de Justicia para satisfacer tan pretendida idea, solo calculada y pensada por personajes sin escrúpulos, desprovistos de toda consideración sobre los hechos históricos y todo lo que ello implica en el contexto de Venezuela y en América Latina.

Una sentencia de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, con la finalidad de satisfacer un pretendido amparo constitucional y favorecer intereses no muy claros, decidió suspender la junta directiva del partido Copei que había sido elegida legítimamente en votación de sus propios militantes, alterando gravemente no solo los estatutos internos del partido sino, por supuesto, todo lo que a estos efectos indican tanto la Constitución como las leyes que regulan las situaciones estatutarias de los partidos políticos en nuestro país.  

Es el Tribunal Supremo de Justicia quien se sustituye procazmente en la militancia de un partido político y decide entonces suspender una junta directiva, que a su vez había sido elegida por los propios militantes. En otras palabras, la Sala del Tribunal Supremo violó el derecho de los militantes de elegir a sus propias autoridades, violó el derecho de cada militante de conocer la ejecución de las políticas de las directivas de los elegidos y trastocó en evidente abuso de poder y desviación del mismo, para ajustar la idea primordial perfectamente orquestada y calculada, cual es: acabar con una organización que ha hecho historia en nuestro país y mal poner las consideraciones políticas y electorales de la oposición democrática venezolana.

Esta situación agrava lo que los venezolanos estamos conviviendo en esta sufrida Venezuela: la ausencia de institucionalidad y la carencia absoluta de un tribunal que juzgue de acuerdo con la Constitución y las leyes de la República y ejemplifica lo que hemos denunciado en múltiples oportunidades desde la tribuna pública y la cátedra universitaria, no la sola configuración de un tradicional golpe de Estado, sino la encarnación nítida de un clásico y evidente golpe desde el Estado.

El problema, estimado lector, es que la historia en su significado mayor es terca en cuanto a las sanciones se refiere. La actuación descrita no permanece impune ni oculta, es más, la vivencia y el rechazo a la muerte de esa forma se resiste a materializarlo, sobre todo de un partido político de la magnitud social, política e intelectual de una agrupación que enlaza y personifica el socialcristianismo en Venezuela. ¿Somos los venezolanos conscientes de tan extravagante y temeraria medida tomada por un tribunal que se dice Supremo de la República contra un partido político que hizo vida en la extinta democracia venezolana del siglo XX? ¿Es suficiente lo ocurrido para ya deslastrarnos de la pasividad incontrolada que nos abarca en todos los aspectos de nuestra existencia? Lamentablemente, así lo creo.

gbricenovivasgmail.com