• Caracas (Venezuela)

Gustavo Briceño

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El secuestro del alcalde

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La Democracia es un sistema particular donde la cultura de los gobernantes se sitúa en el campo de la armonía, del dialogo y de la concordia. Ciertamente, así lo plantea el mundo de la intelectualidad política y todo lo que ello ha significado en los países del área del mundo occidental y de determinadas naciones en otros continentes. La Carta Democrática Interamericana (CDI) describe en su artículo 3, los elementos esenciales de la democracia y dice que ellos son : el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales; el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al estado de derecho; la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo; el régimen plural de partidos y organizaciones políticas; y la separación e independencia de los poderes públicos. Lo que explica condiciones mínimas para que se configure un auténtico sistema de libertades y de responsabilidad tanto para los gobernantes como para los gobernados.

Desde luego, y también existe un elemento esencial que a mi juicio, la Carta Democrática no lo indica de una forma expresa, y es la existencia de presos políticos. No es posible concebir una democracia donde haya presos políticos. Si hay presos políticos no hay democracia sino autoritarismo y así debería ser consagrado expresamente en la CDI en una futura reforma.

El secuestro del Alcalde es el título de un libro que he leído con atención y refleja la dura realidad de lo que Venezuela vive en relación con la libertad de expresión y la fractura grave significativamente importante en las dictaduras, por cuanto hay una cantidad sobresaliente de presos políticos donde dentro de ellos, y aquí en nuestro sufrido país, se encuentra un hombre que ha delineado y conformado una conducta de honestidad, perseverancia y disciplina en la acción política, y que se está enfrentado a una justicia, carcomida por la corrupción moral y el interés único y exclusivo de callar su voz y las demás voces disidentes y contestatarias. Antonio Ledezma es entonces ese hombre al cual me refiero, y que lucha por reconquistar su libertad y más aun lucha, por instalar en nuestro país una democracia social donde de verdad se cumplan con los postulados esenciales que nos dibuja muy idealmente la Carta Democrática Interamericana. Su vida política ha sido difícil, muy difícil, pero pareciera que la dificultad de ello, lo ha revalorado y lo ha instado a convertir mas sus sueños ideológicos y políticos en la realidad pura, tal y como lo indica el libro que leí, y que he compartido en su singular terquedad en no claudicar frente a la autocracia, lo que lo valoriza grandemente para el futuro y para lo que Venezuela debería ser: grande, libre y democrática.

Manuel Malaver describe excepcionalmente a través de 17 capítulos el secuestro y la vida de este personaje de una manera sencilla y significativa, lo que nos indica a plena luz, la importancia de su lectura y la calidad muy particular donde se describe y se refleja la Venezuela actual, donde por una lado uno siente que la autocracia nos persigue y nos limita, pero que intuyo una cercanía con una Venezuela diferente y culturalmente democrática. Así lo creo.