• Caracas (Venezuela)

Gustavo Briceño

Al instante

¡Una preocupación latinoamericana!

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En estos días se cambia la representación de la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos. Se va Insulza y entra Almagro. Todos conocemos los problemas suscitados en los últimos años por esta organización internacional que ha debido ser ejemplo de muchas cosas, principalmente: de la defensa y promoción de los derechos humanos.

La Carta Democrática Interamericana constituye un instrumento esencial para la Organización, supuesto que ella está para resguardar, promocionar, y defender la democracia como sistema político y el derecho que todos los ciudadanos latinoamericanos tenemos frente a las circunstancias de reclamar cuando un gobierno de la región interrumpa abruptamente contra ella y fallezca la libertad como síntoma fundamental de un pueblo desarrollado y poderoso.   

Estamos los latinoamericanos demócratas muy preocupados por lo que pueda ocurrir en el ámbito de esta materia. La gestión de Miguel Insulza fue muy infeliz a estos efectos. En su gestión predominaron las circunstancias políticas para lograr consensos y decisiones que en nada contribuyeron a una real defensa de la democracia y todo lo que implica su expresión en una América Latina como la que vivimos actualmente. Desafortunadamente, predominó el acomodo circunstancial de los poderes políticos y se afianzó el criterio de la soberanía como expresión del siglo pasado para fundamentar la no intervención de los gobiernos que atentan contra los derechos humanos y la democracia. El caso de Venezuela fue emblemático a estos menesteres, en el sentido que ha sido un gobierno, que ha dibujado con expresiones muy dilatadas la violación constante de la democracia y prácticamente todos los elementos esenciales del sistema y su conformación previstos en el artículo 3 de la Carta Democrática. El fundamental: la denominada división de poderes públicos ha sido en su quebrantamiento la violación más sistemáticamente realizada por gobierno alguno. Lo que explica muy nítidamente, que un secretario general verdadero y auténtico hubiera llamado y convocado desde los inicios un Consejo Permanente para dilucidar y tomar acciones al respecto, tal como lo ordena la propia Carta en sus artículos 17, 19, 20 y 21. Insulza nunca hizo nada con relación a este tema, es más, alegó la falta de acuerdo de los gobiernos de la región y la violación del principio de autodeterminación para justificar no hacer nada. Estamos muy preocupados porque nuestro deseo real y emergente es que el nuevo secretario general respete la Carta y la haga valer. Estamos muy alertas, por cuanto existen gobiernos autoritarios empeñados en eliminar la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Venezuela) para evitar los controles administrativos y judiciales que la propia Convención Americana ordena realizar y desarrollar. Para todos es conocido, tanto en la práctica como en la doctrina, la labor realizada positivamente por esta Comisión y sus decisiones en determinar cuáles políticas de Estado han violado o no los derechos humanos y cómo después la Corte Interamericana ha sabido convocar y resolver problemas graves en estas circunstancias. El nuevo secretario general debe apoyar y fortalecer el sistema de defensas de los derechos humanos, solicitar más presupuesto y darles las garantías necesarias para que pueda surgir de nuevo con fortaleza y seguridad que la defensa de los derechos humanos es una prioridad como su nuevo escenario. Desde ya convoque un Consejo Ministerial de Cancilleres y exponga cómo fortalecer la Convención Interamericana y todo lo que ella implica en el contexto social y político que vivimos. Así lo creo.

 

gbricenovivas@gmail.com