• Caracas (Venezuela)

Gustavo Briceño

Al instante

Entre el pesimismo y la desesperación

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Entre el pesimismo y el optimismo existe una variedad de posibilidades certeramente diferentes. Me explico, en las circunstancias de la vida –acostumbrado a lo difícil de ella– se asumen posiciones negativas o positivas, al extremo de saludar la idea de que tanto las unas como las otras dependen en puridad de conceptos de ingredientes estrictamente personales. Son como elecciones de la gente. Desde luego, indico que las posiciones que se tengan frente a los problemas sociales, y sobre todo políticos, se observan contando con un factor esencial: su proposición individual y meramente subjetiva.

Esto lo expreso, a propósito de la posición de muchos venezolanos ante los problemas que suscitamos a diario y en consideración a lo que ocurre en la política y en general en el país. Incluso, yo me atrevería a expresar que es posible que una persona admita y manifieste que el país está muy mal, sin embargo, puede ocurrir que esa misma persona a nivel individual se encuentra relativamente bien. Ahora, ¿de qué se trata? Estar relativamente bien es una persona que normalmente, además de conllevar una vida armoniosa y diáfana con sus seres más cercanos, tiene del mismo modo, satisfacciones en su vida profesional y social. Ciertamente ha logrado con el esfuerzo de su trabajo, con el transcurrir del tiempo, y con disciplina, reconocimiento y envergadura colectiva, hasta el punto de sentirse activo o colaborador mediato o inmediato de la situación para cambiar el país, y alentador, principalmente, de que la nación se desarrolle en consideraciones y en términos democráticamente aceptados. Desde luego, es mi punto de vista, lo cual indica una posición esencialmente individual y subjetiva.

Dicho esto, cuando una posición es extremadamente negativa sobre la realidad social y política de un país, en muchos casos –y lo considero muy lamentable–, es porque se opina en consideración a problemas personales o individuales. En términos de psicoanálisis: se proyectan aspectos íntimos y frustraciones inacabadas. Es justamente lo que indico, que si una persona posee desengaños y contrariedades –lo que no le es permitido–, en expresar y maldecir la situación política –sin que esta a lo mejor tenga la culpa de ello– al mismo momento insinúa sus aspectos individuales. Un mundo no tiene que ver relativamente con el otro. Grandes hombres de la humanidad con sobrados éxitos individuales y sociales han sido autores de cambios fundamentales para sus países, lo cual, y lo traigo a discusión, con cierta objetividad, es muy difícil que un individuo con tantas frustraciones personales se empeñe en llevar satisfactoriamente un país para adelante. Las veces que ello ha ocurrido –no necesariamente– los resultados han sido muy negativos tanto para ese individuo como para el país en general.

En resumen, el optimismo escandalosa o infantilmente planteado es negativo, pero el pesimismo a ultranza es peor, por cuanto –y no lo expreso como una simple situación del azar– la posición de que todo en la vida es malo y todo en la vida va a estar malo, el cien por ciento de posibilidades es que esa vida sea mala, por su lamentable experiencia personal y su deficiente y poca proyección y vocación frente a lo social. Admitamos, en consecuencia, que no puede existir todo enteramente negativo, ni todo enteramente positivo. Existe una infinidad de pociones o arco iris de posibilidades frente a estos dos adjetivos que rondan siempre en nuestras mentes y sobre todo en nuestras circunstancias.  

No es posible entonces asumir posiciones muy negativas frente a las cosas. Ello lleva al desespero y a la poca armonización de los intereses. Más en un país donde, por ejemplo, el gobierno actual se presenta como un extravagante y desesperante conductor que tenemos que estar atentos frente al exceso de negativismo que constituye, a mi entero juicio, una inyección fundamental del mal de la desesperación. El combate es desde la práctica y la acción, es desde el porvenir y la esperanza, lo contrario pertenece a un mundo de infelicidad y de desengaño constante. Así lo creo.

gbricenovivas@gmail.com