• Caracas (Venezuela)

Gustavo Briceño

Al instante

Gustavo Briceño

¿Tenemos patria?

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Vivimos prácticamente engañados por unas políticas sociales y económicas que alteran sensiblemente nuestras psiquis e imprimen un sello de incertidumbre como nunca lo habíamos vivido en Venezuela. Ciertamente, desde no sé qué lugar, aunque muchos se lo imaginen, la idea es entretener a los venezolanos frente a las malas y deficientes políticas en materia económica. No hay mejor excusa que la revolución. Esta revolución, así es, el mejor antídoto frente a la posibilidad que tuviera la sociedad para revelarse frente a ella y cambiar con la protesta. En efecto, indica la actividad de este país, a someternos inconscientemente a una forma de ser y de imponer. El altísimo costo de la vida; la dificultad que tenemos los venezolanos para comprar la comida; las colas que se producen absolutamente en todos los lados; los inconvenientes que pasamos a diario cuando nos dirigimos a un banco o a una entidad financiera para satisfacer nuestras pretensiones y nuestros deseos. La gran cantidad de requisitos que imponen “revolucionariamente” en los organismos burocráticos para alcanzar a poseer un título determinado constituyen, en propia sustancia, la existencia febril de un estado de cosas que somete al ciudadano a las humillaciones más perversas que puedan ocurrir, por supuesto, contrariando todo principio constitucional y toda lógica formal de instalar en esta nación una administración pública sana, como lo indica la ley y como debería de ser, desde luego, en un país moderno y desarrollado.

Ir a una oficina pública es un calvario, por no decir un vía crucis, donde un funcionario dibujado de rojo se ha convertido en un sujeto áspero y mal humorado, que configura desde sus bases un Estado anticiudadano, en consecuencia, incapaz de resolver las inquietudes y los pedimentos que nos acuerdan los textos legales, principalmente la Constitución y las leyes. Imagínense, estimado lector, que en Venezuela existe una ley que se llama Ley de Simplificación de Trámites Administrativos promulgada debidamente y que, a nuestro juicio, pasa inadvertida totalmente porque, entre otras calamidades, la burocracia venezolana se caracteriza justamente por lo contrario. De hecho, existe una ley que se encuentra en la mente de los burócratas que se llama ley del trámite administrativo formal, más anticiudadana que pueda existir en América Latina.

Mi preocupación fundamental es constatar cómo se maquina una política para entretener a los ciudadanos en sus molestias para que no se ocupe de los problemas esenciales que generan la autocracia y las bondades que reflejaría un sistema libre y democrático. No se puede hablar de libertad; no se puede hablar de diálogo; no se puede hablar de convivencia. Solo se puede hablar de revolución, con un soldado de la guardia que te acompaña para que, a su vez, sea la anestesia del pueblo y sirva estar entretenido y endulzado por una palabra que nunca vendrá y jamás será el receptor de una vida distinta y placentera.

Tenemos patria es la consigna del gobierno, al compás de un presidente que aun muerto es eterno, a sabiendas de las gravísimas dificultades que tiene el pueblo para satisfacer sus deseos y el instinto inacabado que explica las carencias elementales de la población. Tener patria es analogía con bienestar, y semejanza con alcanzar una independencia; locura inconclusa.

Tener patria es en realidad todo lo contrario, es: alcanzar un país productivo en todos los renglones económicos, es tener independencia política, es no subordinarse a las directrices de ningún país, ni estar pendiente de lo que hacen los demás. Tener paria es fomentar la educación y hacer que ella sea libre y sin ideologías; en fin, tener patria es respetar la Constitución y unir a los venezolanos en una causa común. La objetividad nos vislumbra, hoy observamos una actitud muy contraria a lo deseado en una real democracia. En Venezuela gobierna la antipatria como forma de expresión y como manera normal de actuación. Así lo pienso.

gbricenovivas@gmail.com