• Caracas (Venezuela)

Gustavo Briceño

Al instante

¿Qué nos está pasando?

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Verdaderamente, la historia política venezolana ha estado transitando por situaciones bastante  inimaginables que ponen a disposición de los pensadores venezolanos, múltiples interrogantes a los fines de encontrar un diagnóstico preciso, y lo que es más dificultoso, encontrar una solución a los problemas que hoy en día padecemos en nuestras vidas y en nuestras relaciones con los demás. Son, pues, causas y consecuencias que transcurren y que objetivamente ponen las vidas en compás de espera y de incertidumbres. ¿Qué nos está pasando? es el título de este artículo y voy a decir tres causas, arriesgando de manera lógica y formal que no las sean, y que, por supuesto, exista una multiplicidad que este escrito me impide hacer en pocas líneas. Digo tres.

Primera: estamos en presencia de un gobierno asombrosamente incapaz y perverso, que actúa en contra de las clases medias principalmente, es decir, de profesionales y técnicos con toda una política que degenera perjuicios y molestias a diario, y explican el estado de estrés que manifestamos con nosotros mismos y los demás. Lo que más molesta es la agresión del régimen, que materializa con políticas públicas inconcebibles, para colmo desgastadas e inconvenientes, y para muestra real el botón clásico: la economía del país que naufraga en la incertidumbre con sueldos públicos y privados incapaces de satisfacer al menos los consumos elementales para la supervivencia. Producto de esas políticas, hay una constatación objetiva e inocultable: los venezolanos somos hoy mucho más pobres que antes.

Segunda: algo muy preocupante, el estado mental y diríamos complaciente y hasta interesado de sectores de la población satisfechos con determinadas políticas que el gobierno utiliza para la perversidad de los venezolanos. Nos referimos al problema del dólar (Sicad, etc.) y su utilización por el gobierno y los venezolanos que aprovechan el cambio monetario para lograr sumas dinerarias sin esfuerzo y sin trabajo, es decir, la manera en que muchos de nosotros adquirimos dinero sin esfuerzo, lo que conlleva a dos situaciones harto significativas: una, hacer dinero fácil, altas sumas, facilismo y, por consecuencia, subdesarrollo; y otra muy grave: país sin progreso y clara complacencia del régimen, por tal situación, a mi juicio, la corrupción en ambos lados, tanto sectores amplios del gobierno como sectores de la oposición. Hay entonces muchos venezolanos que en el fondo de su ser aplauden determinadas políticas del gobierno. Esta situación explica la omisión o la inactividad y el desgano de muchos venezolanos en salir a las calles y protestar.

Tercera: a todas luces, y una verdad difícil de contrariar en la actualidad, el país adolece de la ausencia de una dirigencia política bien engranada que sea capaz de acoplar las distintas corrientes opositoras al sistema que gobierna. Todos aquellos que hoy somos mayoría, y nos decimos demócratas, nos vemos en la situación de carecer de un liderazgo político que se oponga con determinación al gobierno, y a su vez, que proponga y promueva de manera sostenida un nuevo esquema político-económico hacia el futuro, capaz de confrontar el que ya tenemos. Dicho en otras palabras, la población venezolana que desea un país distinto no tiene una propuesta de cambio factible y posible y se encuentra a la deriva o al vaivén de las circunstancias provocando una situación incapaz de contrarrestar las causas anteriormente reseñadas.

Insistimos a través de diversas organizaciones civiles, como el grupo de los 20, en la conveniencia de fortalecer la sociedad civil y organizarla, para que ella haga despertar de este largo letargo a que nos acostumbra la política y sus niveles circunstanciales. Es menester, entonces, un cambio en nuestra mentalidad y asumir con toda seriedad la posibilidad de ser verdaderos ciudadanos y no simples habitantes que pululan por Venezuela. El país es nuestro desde el punto de vista teórico, hagamos ya que sea nuestro incluso en la práctica. Así lo creo.

gbricenovivas@gmail.com