• Caracas (Venezuela)

Gustavo Briceño

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Gustavo Briceño

¡1 millón de venezolanos!

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Al analizar la Constitución venezolana observamos en todos sus artículos que el gobierno, integrado mayoritariamente en el Poder Ejecutivo, ordena que se gobierne y ejecute sus políticas en beneficio de la población venezolana. Eso se deduce del texto constitucional en prácticamente todos sus títulos y capítulos, sin embargo, el gobierno venezolano simplemente no gobierna, y no es solamente que lo hace muy mal, cuando decide hacerlo, sino que consuetudinariamente realiza múltiples actividades políticas que nada tienen que ver con la satisfacción de los deseos colectivos y la consecuente prestación de los servicios públicos. Ya se habla de un desgobierno como expresión de una dirigencia política mandona y enloquecida que no le importa el presente ni mucho menos el porvenir.

Un gobierno sano y popular debe satisfacer la prestación de los servicios públicos a todos sus ciudadanos, independientemente de la corriente política o ideológica que confluya en cada persona. Sería entonces una democracia real en todo el sentido de la expresión, y el acabado ideal para conllevar a una nación a que por sus propios instintos y apoyado de sanas políticas públicas exista la armonía y la seguridad social para alcanzar el bien común.

El régimen que nos gobierna desde hace ya largos 15 años ha sido incapaz de gobernar. Solo le interesa el pleito y llenar al país de contradicciones y de bipolaridad entre aquellos que lo apoyan y la otra mitad del país que lo rechaza para con ello distraer a los venezolanos y así no gobernar. Lo preocupante de esta situación, por cierto nunca vista en Venezuela, es que el país se encuentra al abandono y al desespero de la gente, lo que conlleva a crear y materializar una sociedad que se enferma y que, por una situación psicológica inexplicable, no reacciona frente a esta ideada y planificada tarea gubernamental. Hoy día constatamos lo terrible, y a esto me refiero hoy: casi 1 millón de venezolanos, sobre todo entre los 25 y los 50 años de edad, ha decidido emigrar a otros países para reencontrar situaciones que le garanticen mejor calidad de vida y alcanzar mejores medios de superación. En lo que a mí se refiere es una decisión respetable, pero no compartida, porque la experiencia, por cierto muy objetiva, demuestra que en el exterior es muy difícil superarse y alcanzar un nivel de vida aceptable y algo que siempre estará presente en el venezolano que vive fuera y es la idea de la lejanía y siempre el hecho inconsciente y hasta consciente de querer regresar a su país.  Venezuela es un país que llama mucho, no sabemos si por razones psicológicas o de otra índole, pero ello ocurre muy frecuentemente.

Un gobierno que no gobierna es el culpable directo de esa diáspora de venezolanos que se han marchado del país. Ha sido, a mi juicio, el peor de los crímenes cometidos contra pueblo alguno, ni en la Segunda Guerra Mundial ocurrió lo que ha sucedido en Venezuela, y la historia pagará muy dura esa política presionada por el mismo sistema de gobierno que tenemos y sufrimos a diario los nacidos en esta tierra tan maravillosa. Necesitamos muchos años de desarrollo mental para lograr que un día ese millón de venezolanos se despertaran en cualquier país del mundo y en cualquier circunstancia, y dijeran: Vámonos para nuestro país para sacar del gobierno y del poder a esos vándalos que nos gobiernan y con ello crear una democracia real y un gobierno de gente decente. ¿Es posible que eso ocurra? Es posible, pero al menos pensémoslo.