• Caracas (Venezuela)

Gustavo Briceño

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Gustavo Briceño

Las locuras de un señor

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En verdad, siempre en las películas se observa cómo un presidente de una empresa es loco o desquiciado mental, viendo sus actuaciones infantiles o fantasiosas acarrea risas por un lado o angustias por el otro. Es, este modo de ver y observar las cosas, cuando uno ve que quien dirige las relacionales internacionales y los menesteres de un país y asume actitudes de locura nos queda la acostumbrada resignación para verificar que cambien su actitud o luchar y enfrascarse fuertemente contra esa forma tan pintoresca de comportamiento individual. En estos momentos, no señalo concretamente quién es el personaje, pero creo, con cierto sabor caribeño y aparente textura intelectual, que el lector ya con el título sabe o se imagina a quién me refiero: las locuras de un señor. ¿Quién? usted sabrá. 

Un presidente de una empresa o de una localidad grande, que se encuentra ofuscado y descaradamente sudando en sus intervenciones públicas, en mítines y en cuanto movimiento populachero se enfrasca en hacer y en gritar retando con acento de alarma, a los imperios del continente, que no se metan con el pueblo glorioso de Venezuela, de sus hijos, con la patria de Bolívar, con la sangre perpetua derramada de los venezolanos, que las han sufrido por las fuentes sanguíneas de la historia etc., y cuanto se le ocurre decir y manifestar, con la intención de demostrar al universo su valentía y su fortaleza encausada en dogmas pasados de moda y de costumbre, en vez y muy por el contrario, de hacer lo que le corresponde que es gobernar al país o a su localidad circunstancial para ahuyentar la gravísima crisis económica y social que padecemos los venezolanos de la actualidad. No gobernar es un inmenso acto de locura en estos tiempos. Porque la locura ocurre cuando se confiere el síntoma de pelear con todo el mundo, con imperios inventados, con aviones que sobrevuelan nuestros espacios aéreos, y contra una parte muy importante de la población que vive y transita en un país en las mayores dificultades de su historia.

La locura es de acuerdo con el diccionario: “Acción imprudente, insensata o poco razonable que realiza una persona de forma irreflexiva o temeraria” yo diría, más de forma irreflexiva o temeraria porque es una locura que nos interesa a todos, no es una locura de cualquiera, no, es una locura de un presidente o gerente de una empresa que atrae la tensión de personas dedicadas a vivir y transitar por el mundo. Por ejemplo, en Europa y en Estados Unidos o en América Latina en general, ¿qué podrían señalar y expresar las gentes cuando se dice que un avión tucano (que mucha gente no sabe lo que significa) circunda por los cielos de Caracas, para tirar unas bombas?, indico que o se ríen o se angustian creyendo que es verdad, esto es, no solo tendríamos colas en los mercados populares o automarcados comprando, sino que al mismo tiempo se verían tucanes o pájaros mientras se hace la cola, pero que del todo no sería malo, se distraerían para no aburrirse esperando el turno para adquirir la comida que se llevan a la casa. No es risible ciertamente, es más bien triste obligarse a decir lo comentado en este artículo. Es desesperanzador porque lo ideal sería tener un personaje cuerdo y racional que invitara a todos, los empresarios y trabajadores y profesionales y sectores de la industria y políticos para oírlos y escuchar sus ideas, y ponerlas en práctica para construir y reinventar una democracia donde todos quepamos y sortear con ello una esperanza que poco a poco se desvanece.

Aunque también, y ya termino, muchas veces la locura va sutilmente acompañada por los loqueros, me explico, dejar a un loco suelto y que diga lo que se le antoje es también un acto de irresponsabilidad; no hacer nada para que el loco siga loqueando es igualmente un acto irreflexivo e irracional que invita a analizar seriamente esta extraña actitud. Pienso, honestamente, que ya tienen identificado el personaje. Estamos urgidos de hacer algo, si no, la historia y los que vienen detrás van a decir con entera razón que todo éramos unos locos. Así lo creo.