• Caracas (Venezuela)

Gustavo Briceño

Al instante

No ha llegado el Siglo XXI

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Lo digo con pesar. Venezuela todavía no ha llegado al siglo XXI por cuanto es impensable constatar el atraso económico, social y político provocado por múltiples causas, pero la más importante: La gestión de un gobierno explicablemente atrasado y empeñado en crear una sociedad desganada de la modernidad y en atención a esquemas del pasado, aunado a la mala propuesta de sus gobernantes con dilatadas expresiones dictatoriales y autoritarias.

Venezuela no encaja entonces dentro de los cánones de un país moderno, alterno y solidario, donde la producción de sus bienes y servicios sea lo esencial para poder autoabastecerse y comerciar exportando bienes con el fin de adquirir capital y con ello abastecer al país en sus necesidades y satisfacciones. Venezuela carece de una educación preescolar, de bachillerato, técnica y superior capaz de ser fuente real de un conocimiento científico y cultural que nos defina como país soberano e independiente con capacidad para interrelacionarnos con los otros países de la región y del mundo; Venezuela no es un país con una infraestructura física lo suficientemente grande como para abastecer la vivienda del pueblo, y de las clases necesitadas y haber dejado ya de ser un país subdesarrollado estructuralmente como lo indican todas las cifras y reseñas serias de las instituciones más importantes y de los organismos internacionales; Venezuela no es una país con autonomía funcional independiente que pueda subsistir con elementos propios ante cualquier emergencia mundial y ante cualquier adversidad. Seguimos dependientes de la exportación del petróleo y su política ha sido la perniciosa después de tantos años de recoger un dinero producto de esa exportación, y solo para mantener la burocracia de una administración pública ineficiente y corrompida; Venezuela en fin, sigue dramáticamente dependiente por un lado del dinero que le confiera la industria petrolera, solo para cubrir los gastos de la burocracia del país, y de la corrupción que se diluye en programas mal estructurados y con el ánimo de piñatería en sus recursos.

El siglo XXI es la producción de un país, es la modernidad vinculada a la globalización con fines científicos y sociales; es el progreso económico y social  para la satisfacción de las necesidades esenciales; es dejar los complejos de inferioridad atávicos de ir contra un imperialismo inexistente y ponerlo siempre de excusa justificando lo que mal se hace;  es dejar de lado la palabra soberanía popular y convertirla en soberanía de creación, de desarrollo y de invento, en fin, es gobernar para todo el país y no para una sola fracción.

En todo caso, la precisión de lo que ustedes acaban de leer, abarca en mostrar suficientemente un régimen gobernado y conducido por lo peor de Venezuela que ha pasado en su historia. El presidente y sus ministros se encuentran endiablados y enloquecidos –hasta se ríen en público de sus torpezas- utilizando todas las instituciones del Estado – si es que se pueden llamar instituciones-  para intentar controlar a la sociedad civil y con ello someterla a sus poderes, justificados por una tal e imaginada revolución que en la realidad de las cosas, no solo no existe, sino lo que pretenden es la destrucción, por mera envidia y resentimiento, de un sistema político formal en que en la teoría hace respetar el derecho y las instituciones. Van contra ello, y lo hacen de forma ciega, inoportuna e inconsulta provocando en el pueblo y en la gran clase media venezolana una amargura y al mismo tiempo, un desgano mental por luchar contra esta situación que desespera a los más inocentes. ¿Resultados? Eso depende de los ciudadanos. Esto depende de nosotros mismos, depende pues, que podamos salir con valentía y adelante frente a la inopia y la desesperación. Frente al atraso y la tristeza, frente a la dejadez y la omisión.

En días pasados leyendo sobre la historia de Venezuela me reencontré con una de las expresiones más importante de escritor alguno, cuando Mariano Picón-Salas en una afortunada frase dijo que Venezuela entró en el siglo XX,  en 1936 con la presidencia del  General López Contreras. Cuando este presidente comenzó a gobernar, después de la dictadura de Juan Vicente Gómez, ya teníamos un atraso de 35 años. Mutatis mutandi como dicen los consabidos juristas, desde que el chavismo entró al poder ya han pasado 16 largos años, donde Venezuela de acuerdo a lo que se ve y sucede no ha entrado todavía al siglo XXI. Así lo creo.  

@gbricenovivas

gbricenovivas@gmail.com