• Caracas (Venezuela)

Gustavo Briceño

Al instante

¡Qué gripe y que ocho cuartos!

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Las democracias se mantienen principalmente no solo por el establecimiento formal y sustancial de sus elementos esenciales –artículo 3 de la Carta Democrática Interamericana– sino por la credibilidad de sus dirigentes y aunado, claro está, en la magnificencia de la cultura democrática desde el ejercicio del poder. Nicolás Maduro tenía previsto asistir a una audiencia con el papa Francisco para el día 7 de junio, sin embargo, por una “gripe” desistió del viaje y canceló su gira enviando a un representante del gobierno.

La verdad es que el cinismo de este régimen llega a extremos inconcebibles, por no decir que la democracia desgraciadamente cada vez se degrada más. Programar una visita con el papa es fundamental como expresión de una política diplomática e internacional aumentado a las consecuencias que ella en sí misma pudiera traer. Una política internacional va aunada al prestigio y a la consecuente decisión de alcanzar muy política y objetivamente una línea de acción diplomática que presente y armonice a ese Estado con seriedad y grandeza en el particular mundo de las relaciones internacionales. ¿Quién se puede creer que se suspenda una entrevista presidencial con el papa producto o por inmediata causa de una gripe del presidente? Esa excusa tan infantil y absurda solo es posible producto de un sentimiento de desesperación y angustia latente porque el señor Maduro sabe muy bien a lo que se exponía si asistía a esa entrevista.

Conocía perfectamente que Francisco le iba a preguntar por los presos políticos; conocía perfectamente que el papa le iba a preguntar por qué en Venezuela está tan degradada la vida de los venezolanos; y por la ausencia de un gobierno democrático y la sustitución inexplicable de una autocracia militarista, degenerada y corrupta. La verdad es que la excusa no solo brinca en el sentido peyorativo del término hacia las latitudes absurdas e incontables de un régimen político que está en su etapa fantástica y vertiginosa de la decadencia. Las democracias en estado de desolación e ignominia se imponen a través de la fuerza y de la irracionalidad. El acto del gobierno de no asistir a una reunión con el papa, por semejante excusa, no es más que un acto de irracionalidad que dibuja una actuación, además de frágil, objetivamente violadora del gentilicio de nuestro pueblo. Lo inverosímil es que dicha situación, por contumaz, desgracia y hace quedar muy mal a nuestro país. Una pretendida política exterior que desarrolla y disimula una mentalidad y una insuficiencia de racionalidad y de costumbre que debe en todo caso reflejar una conducción de Estado, y no una suspicacia personal de la salud de un presidente.

Es, desde luego, la proyección nefasta de un país de América Latina en el contexto internacional. Refleja un presidente falso, con rebasada falta de imaginación y, entre muchos aspectos, una falta de valentía y de personalidad muy destacada por cuanto se supone que independientemente de su posición política debe asumir el compromiso de defenderla –su posición– en el lugar que esta sea desarrollada y comparada. Muy lamentable. Así lo creo.

 

gbricenovivas@gmail.com

@gbricenovivas