• Caracas (Venezuela)

Gustavo Briceño

Al instante

¡Así es que se gobierna! (II)

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Este gobierno está deseando que llueva para ver si así se llenan los embalses y entonces habría agua en las ciudades. Es el colmo de la desidia, de la locura,  y de la realidad de un gobierno que espera los milagros de Dios para poder gobernar. Esta situación jamás la habíamos visto en Venezuela, después sobre todo, de comienzos del siglo XX cuando se introdujo en Venezuela, en los gobiernos de Pérez Jiménez y lo sucesivos gobiernos de la democracia en los grandes adelantos técnicos que hubo en lo relativo a la creación de grandes estructuras eléctricas para solventar lo que estamos pasando y padeciendo los venezolanos.

Claro está, el desfase y la malísima calidad de vida que sufrimos la clase media y la más pobre es solo comparable con los países de la África subdesarrollada, que ya lo han indicado noticias e informaciones provenientes del exterior que nos comparan con Mongolia y Zimbabue. Desgracia y consecuencias de un gobierno incapaz de solucionar los problemas más elementales de los venezolanos. En mi casa por ejemplo, hay más de 10 días sin agua, lo que implica y acontece una incomodidad creciente a minuto que materializa una vida muy difícil de llevarla a cabo. No es culpa de los venezolanos, es solo y la única consecuencia de la gestión de un gobierno que ya tiene gobernando el país por más de 16 años y no ha sabido arreglar este tipo de problema: los servicios públicos como fuente originaria del bienestar de los pueblos en cualquier país del mundo.

La pregunta es: ¿por qué no resuelven los problemas de agua y luz? Yo entiendo dos o tres respuestas que augurio la comprensión de los lectores en esta oportunidad: en primer lugar, no saben gobernar, no entienden bien el conflicto, son incapaces de dar respuestas técnicas a los problemas, tienen en los cargos gerenciales y administrativos a personas que son principalmente militantes de lo que llaman revolución, sin importar si son o no técnicos. Lo que les importa es que sus funcionarios se vistan de rojo y vayan a las manifestaciones a decir a coro como borregos: “Así es que se gobierna”. En segundo lugar –la más importante razón–, no se ocupan de mejorar los servicios públicos porque no lo tienen como objetivo esencial y prioritario en un programa de gobierno. En los países comunistas, o en gobiernos que administran de esa manera, lo que les interesa es dominar ideológica y mentalmente a la población, para sostenerse en su absurda e incapaz revolución, y con ello afectar la clase burguesa y el imperio norteamericano como fuente originaria de todos los males de la vida en sociedad. Es, en todo contexto, una desgracia histórica que nuestro país sea gobernado por esta clase de personas que obligan a todos los venezolanos a organizarse y combatir tan tramaba situación. Falta una tercera razón es de carácter ético y moral: Chávez aprobó recursos para solventar la ineficiencia de los servicios públicos (eso dicen informes periodísticos), pero mucho de esos recursos fueron mal utilizados y hasta corrupción en ellos se hizo claro en investigaciones que los organismos encargados de la Asamblea Nacional han hecho y averiguado al respecto. A los venezolanos nos corresponde enfrentar con fuerza esta mediocridad que nos gobierna. Es, desde luego, un ejemplo que daríamos a nuestros hijos de que Venezuela saliera adelante frente a la ignominia y el atraso ideológico pretendiendo imponerlo tercamente en contra de la voluntad de los venezolanos. Solo nos queda la fuerza de nuestro gentilicio. Si no, el derrumbe total. Así lo creo.