• Caracas (Venezuela)

Gustavo Briceño

Al instante

¡Qué fastidio ese diálogo!

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Ciertamente se habla mucho del diálogo, sin percatarse de que el cumplimiento del mismo depende esencialmente de una serie de factores que hay que resolver previamente para que tenga éxito. En todos los conflictos de crisis mundiales el diálogo es necesario, sin embargo, siempre existen supuestos al alcance de las partes que es necesario cumplir para que ello tenga lugar de forma exitosa.

No solo es necesario de manera grave el distanciamiento ideológico y las formas de gobernar para que exista la concordia y el entendimiento. En una democracia convencional es normal que existan diferencias radicales para gobernar y ejecutar programas de gobierno, porque la misma democracia prevé –como sistema político– las elecciones, para que se diriman e impongan los modelos de gobierno, siempre aceptado por el pueblo quien decide en definitiva el gobernante que debe regir los destinos del país.

Dialogar es necesario en un régimen democrático, incluso, allí existe un parlamento formal donde los partidos políticos dialogan sobre el país y sus problemas. Es decir, en un verdadero régimen democrático el diálogo se materializa en el propio parlamento que es la sede natural. El problema se patentiza cuando el parlamento no alcanza para dialogar y se hace imposible en consecuencia la conversación normal que debe existir en una sociedad civilizada.

Hablando en el caso venezolano, el diálogo se hace casi imposible, porque entre otras cosas, una de las partes no desea el diálogo como forma de expresión normal en el sistema democrático. Pretenden gobernar como siempre lo han hecho: de forma autoritaria. Más no entienden, que la democracia es un sistema donde la admisión de ideas es normal y donde la disidencia es la columna vertebral del propio sistema considerado en sí mismo. Por esta razón es que existen personajes o intermediarios que instan a la conversación para poder ayudar en sí al gobierno y a la oposición a sentarse a conversar.  

En esas condiciones es casi imposible que se dé el diálogo político. Además, los diálogos en todos los lugares del mundo, donde los ha habido, han sido llevados a cabo por personas especiales que con su capacidad e inteligencia política lograron que ambas partes se sometieran y con ello lograr sus objetivos finales. El caso de España fue relevante al efecto de un acontecimiento histórico ideado por Adolfo Suárez cuando logró sentar en una mesa de negociación a Santiago Carrillo y a Fraga Iribarne y lograr con ello la democracia que hoy día tiene España después de haber presenciado y vivido una terrible guerra civil que murieron millones de personas.

La pregunta muy lamentable que nos tenemos que hacer: ¿Quién es la persona por parte del gobierno que pudiera sentarse en una mesa de negociación para conversar democráticamente? ¿Quién por parte del gobierno es capaz de entender que un diálogo es precisamente un dar y dar y aceptar a la vez la diferencia para lograr acuerdos mínimos comunes? En otras palabras, ¿quién en representación del gobierno se parece a Santiago Carrillo o a Fraga Iribarne?: nadie, luego es imposible dialogar en esas condiciones que no alcanzan ni siquiera a intentarlo. Por otra parte, un gran sector de la población no quiere dialogar, y con razón valedera, cuando dice con entera responsabilidad que el pueblo venezolano decidió otorgar a la Asamblea Nacional una mayoría holgada para su representación, el día 6 de diciembre pasado, situación radicalmente desconocida por el actual régimen lo cual demuestra que en esta situación dialogar se ha convertido en un fastidio de incalculables consecuencias. Así lo creo.