• Caracas (Venezuela)

Gustavo Briceño

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Gustavo Briceño

Nos falta tener ganas

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Es incompatible e incomprensible una democracia con lo que ocurre actualmente en Venezuela. Ya los albores de la imperfección gubernamental demuestra un manifestado estado de acciones ilegales a todo lo largo del acontecer del régimen. No es posible imaginar que un gobierno actúa en constante y reiterado estado de inconstitucionalidad manifiesta y que la ley y la Constitución se cumplan solo por vía excepcional. La Constitución se cumple solo por vía excepcional, me parece algo no solo inaudito sino inconcebible jamás visto en un país latinoamericano.

La última modalidad de incumplimiento lo constituye el hecho de que el presidente tiene la obligación de dar su informe anual sobre lo ocurrido en el país del año inmediato anterior explicando lo que hizo, y debe hacerlo en un  día y un tiempo determinado según un demostrativo artículo constitucional. Pues bien, no solo no lo dice, su informe, cuando el día constitucional lo declara, sino que la excusa para no hacerlo es por un pretendido viaje presidencial. Esta actuación califica a este gobierno como un régimen forajido, es decir, un mando al margen del cumplimiento de la normativa y el consecuente desfalco contra la democracia y sus consecuencias sociales y políticas. Esto no puede ser, y es necesario y urgente asumir desde luego, un compromiso de cambio fundamental de gobierno y de manera de gobernar un país. Ya el llamado no solo ocupa la atención de personalidades que lo invocan, sino la urgente necesidad de evitar un golpe militar o un descalabro en hechos del sistema legal que vivimos en Venezuela. Un golpe militar nos afectará a todos, tanto para los que gobiernan como para los gobernados. Un golpe militar no tendría eco en Latinoamérica y mucho menos en quienes creemos en la democracia como sistema político de armonía y comprensión. Solo nos resta el encuentro de la sociedad civil organizada, es decir, de la Venezuela tradicional, desarrollada e histórica que le explique al país que debemos empezar a transitar por una fórmula de provisionalidad y la consecuente instalación de un nuevo gobierno de transición serio, honesto y competente integrado por hombres y mujeres capaces de retorcer la vida política y social que desafortunadamente convivimos. Abarcar desde luego, un programa de gobierno creíble para enderezar al país, y dando un plazo prudencial de un año para realizar nuevas elecciones generales con candidatos probos y honestos. Ahora, lo más importante: esto debe tener el necesario impulso social y apoyo formal, es decir, la conjunción de la voluntad inquebrantable, de la guía popular y de la sociedad civil que le explique al mundo lo que ocurre en Venezuela y su desastre medular y que se acompañe dicha voz con el sentimiento democrático de un pueblo que en otras oportunidades ha influenciado para que la democracia honesta reluzca de nuevo de sus situaciones de anomia y desolación que es lo que constatamos los venezolanos de a pie con colas y escasez alimentaria.

En artículo anterior explico lo que ha sido y fue el denominado Plan Marshall que reconstruyó la Europa de 1945, donde los países estaban en la ruina física y económica, y salieron adelante con el impulso económico, pero estudios serios demuestran que el verdadero renacimiento de estos países fueron las ganas mentales de los europeos en salir hacia el desarrollo y la industrialización. Los venezolanos los que nos falta son ganas, así de simple, ganas para salir de esto. Es el interés primordial de irrumpir mentalmente para reclamar con sabor de latinoamericanidad y de ciudadanía la existencia de un país diferente. No podemos ser conformes con hacer colas, debemos reclamar con sonoridad y constitucionalidad nuestro derecho de tener democracia y libertad. Así lo creo.