• Caracas (Venezuela)

Gustavo Briceño

Al instante

Entre decretos te veas

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El decreto presidencial acaecido en estos últimos días ha sido el acto político del estado venezolano de lo más interesante que ha ocurrido en los últimos años. Uno no sabe con qué intención se hizo el decreto de Maduro, -hay multitud de pensamientos- por cuanto al leerlo y confrontarlo con la realidad, nos damos cuentas de las incongruencias jurídicas, sociales y sobre todo políticas del mismo. Este decreto parte fundamentalmente de la existencia de un país quebrado, no solo desde el punto de vista económico sino social y ético, por no decir lo más. La ironía campea en sus fueros y en su contenido, porque es inconcebible imaginarse que un gobierno que ha llevado a la ruina al país, -con el uso indiscriminado de todos los millones de dólares del mundo- sale muy campantemente a darnos la solución y decirnos que tiene que transformarse en un único y exclusivo estado “El estado soy yo” de Luis XIV para poder solucionar los problemas del país.

Venezuela esta angustiada y desesperada por la falta de una vida normal y cotidianamente aceptable. Los venezolanos no pedimos un mundo excepcional para poder convivir. No, lo que aspiramos es a un país que marche normalmente, que la luz no se apague, que la electricidad funcione, que no hayan tantos huecos en las calles, que la gente de la administración pública sea simpática, igual que la de los bancos, un país diferente pues donde la armonía y la cordura y la dimensión ética y moral y que las añoranzas y caminos de un mundo tan difícil podamos superarlo y evitar en lo posible vivir como vivimos. Pues bien, ahora ocurre que el gobierno dicta un decreto “especial o excepcional” con dos intenciones una, lograr que la oposición no lo apruebe, y diga muy descaradamente ante el “pueblo sufrido de Venezuela” que la oposición no quiere resolver los problemas del país, junto con el imperio norteamericano y la derecha internacional, y otra aparecer ante el país como que ellos son la revolución ciudadana de la belleza y de la esperanza. Gracias a Dios que la Mesa de la Unidad Democrática tiene sobrados elementos para contrarrestar semejantes argumentaciones, pero es de cuidarse, porque un gobierno sin escrúpulos para gobernar es lo más pernicioso para una nación de hombres y mujeres.

Desde luego, que ahora vienen más discusiones constitucionales y jurídicas, que en el fondo de las cosas al gobierno le encantan, entre otras, porque distraen a los incautos de las verdaderas necesidades del país, como lo es tener medicinas, comida etc. y armarse de los instrumentos necesarios para que el dinero alcance y podamos sortear una nueva vida.

Yo les juro, a pesar de todo, contento estoy, por cuanto la oposición democrática está sobresaliendo de nuevo. El éxito de la oposición ha sido mayúsculo, sin tomamos en consideración el contexto donde Venezuela se sitúa en el mundo, y todo lo que ello implica al contraste que tenemos con los países latinoamericanos que ensayan hoy día, políticas distintas y sobre todo más humanas. Es una esperanza que deseo compartir y a toda luz luchar diariamente porque esta situación mejore. El decreto de Maduro objetivamente es una burla descarada al país, y por consecuencia un engaño de dimensiones incalculables. Es una violación incuantificable a los derechos humanos y me adhiero a María Corina Machado cuando dijo muy brillantemente que el día del discurso donde presentó su memoria y cuenta “o cuento” Maduro fue para convencernos de que la renuncia de ese señor es lo más conveniente para el país. Así lo creo.

gbricenovivas@gmail.com