• Caracas (Venezuela)

Gustavo Briceño

Al instante

¿Qué es una aventura?

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Desde hace un tiempo para acá los personeros del gobierno siempre dicen que sectores de la oposición radical planifican una aventura, lo que significa que se prestarían irremediablemente a un golpe de estado, o a una desestabilización democrática o algo parecido. Impresiona ver el estereotipo del lenguaje de los políticos del régimen cuando se refieren a la palabra aventura. Normalmente, una aventura es un acontecimiento extraño e inusitado que puede provocar directamente un riesgo muy posible que se materialice, es decir, el alcance de perder la democracia por ejemplo, producto de una actuación equivocadamente realizada y planificada por un grupo de personas perfectamente concertadas.

Sin embargo, de conformidad con esto, una acción aventurera puede tener múltiples matices y variadas ramificaciones. Me explico, si una aventura es sinónimo de catástrofe, porque el riesgo se cumple, entonces observamos que el gobierno vive aventurando situaciones  que producen la pérdida de la democracia como sistema político. Es decir, tenemos el riesgo de convertirnos en una dictadura comunista y feroz producto de las políticas del gobierno. Me pregunto: ¿No es aventurado conformar una política económica que cada vez contribuye al aumento exponencial de  la inflación y al desabastecimiento de los mercados? ¿No es aventurado conformar una política social que provoca la división de los ciudadanos entre unos que los llaman escuálidos y otros no? ¿No es aventurado conformar una política de agresión constante contra los sectores productivos privados del país subsumiéndolos de toda posición al margen de la realidad social y económica de Venezuela? No es aventurado conformar entonces una política que ha destruido la producción nacional y ha logrado que tengamos muy desafortunadamente una mal llamada política de puertos, y que se haya corrompido tanto la principal empresa petrolera de nuestro país, y que las instituciones del estado hoy día sean manejadas y dirigidas solo por el poder ejecutivo y la consecuente desaparición del estado de derecho? Es decir, que aventura solo es cuando varias personas de la oposición radical se ponen de acuerdo para acabar con la democracia, claro que eso es una aventura, pero hay muchas aventuras, y de todo tipo, y la más grave es la que ocurre sistemáticamente en nuestra nación cuando el gobierno de a diario acaba con la democracia provocando que algún día los sectores populares y de la gran clase media salgan a la calle de manera abierta y produzcan un desbarajuste social y de libertades y nos reencontremos en una situación de supervivencia humana terrible para la paz del país y de sus instituciones.

La verdad es que, tal como estamos viviendo en este estado de cosas, y de locura, todo es posible. Podríamos pensar que escribir lo anterior es una aventura. Por ejemplo, y sin embargo, también es una aventura no decirlo, es como aventurarse a sufrir una pasividad cruenta e inexplicable que puede traslucir una amalgama de situaciones conflictivas, quizás imposible de calcular en el tiempo y en el espacio. Ya a estas alturas debemos aventurarnos a buscar un mundo distinto, sobre todo cuando vemos caer en nuestras narices, el régimen de libertades. En realidad, la aventura como una simple expresión, no es mala del todo, busquémosla pues alertando popularmente los desmanes de una autocracia perseverante, y al contrario, señalando las bondades de un sistema democrático, y donde lo que siempre se escribe con plena libertad, no sea nunca un problema de aventura sino de verdadera responsabilidad individual. Así lo creo.

Gustavo Briceño Vivas

gbricenovivas@gmail.com

@gbricenovivas