• Caracas (Venezuela)

Gustavo Briceño

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Gustavo Briceño

¡Sí hay una amenaza!

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En estos días se ha configurado entre los corrillos políticos, y aún más, el tema de si el decreto del presidente Obama que ordena la sanción a unos funcionarios venezolanos era o no una intervención en los asuntos internos del país. El gobierno por supuesto ha vociferado en todos lados que ha sido una injerencia fatal, que ha soslayado la soberanía de Venezuela y en especial el pueblo de Venezuela. Sin embargo, y para asombro de muchos, gente de la oposición ha acompañado estos disparatados criterios del gobierno.

Ciertamente, y en primer lugar, quizás porque soy jurista, siempre debo justificar el basamento legal del decreto presidencial del presidente norteamericano, y encuentro que existe una ley –de nivel constitucional– en Estados Unidos, donde para sancionar funcionarios extranjeros deben justificarse constitucionalmente, esto es, la base legal de la sanción a estos funcionarios venezolanos tiene su fundamento en la declaración de amenaza de un país extranjero previamente normado en una ley nacional. Entre otras cosas, es plenamente justificado que el presidente de un país, como Obama, pueda en uso de sus propias atribuciones legales afectar de una u otra forma la vida de los norteamericanos y de su total territorio. A estos fines, el decreto de Obama que ordena la sanción de funcionarios venezolanos solo afecta suelo americano y no venezolano. Pero, al margen de la expresada disertación, el problema no es ese. La situación cacareada por el gobierno venezolano desvía intencionalmente lo trascendente del problema, y es que siete funcionarios han sido sancionados por violar los derechos humanos y por abusivos actos de corrupción en Venezuela, lo que determina que la sanción a estos individuos solo tienen efecto en territorio de Estados Unidos y no en nuestro país. Eso es lo verdaderamente grave.

Ante estos acontecimientos, y aparte de la consideración de la justificación o no del decreto presidencial, si tomamos en puridad de conceptos que en Venezuela se violan los derechos humanos; no se permite la disidencia; se encarcela a los dirigentes que no comulgan con las políticas del gobierno, y se utiliza la justicia para encarcelar opositores, en fin, la democracia como sistema político se encuentra en los olvidos sustantivos de las gentes en Venezuela especialmente de sus estructuras gubernamentales. Este decreto sí se encuentra justificado y sí es una amenaza, no solo para Estados Unidos sino para el resto de los demás países de América Latina.

Uno de los aspectos de la crisis que vive nuestro país no solo es económica y política, también es moral y diría hasta ética, porque es lamentable pensar e imaginarse que todavía existe en políticos venezolanos (sobre todo los que son de oposición) un cierto prurito de antiyanquismo cultural que de aprobar y respaldar el decreto de Obama y de decirlo públicamente sería así como ir contra un pueblo que es antinorteamericano por excelencia, y de allí el temor de decir la verdad. Definitivamente, estamos en presencia de una dictadura perversa, que no respeta en lo absoluto el Estado de Derecho y el principio de la constitucionalidad de los actos de los poderes públicos y que aplica con toda magnitud la inolvidable frase de que el fin justifica los medios. ¿Quién puede dudar de que lo que digo es la pura y simple verdad? Entonces, meditar es importante a estos efectos, porque cualquier dictadura afecta los intereses de cualquier país en el mundo, por cuanto, al carecer de límites en su comportamiento social y político, se une y es capaz de apoyar cualquiera otra dictadura que menoscabe los derechos humanos y las libertades de una determinada sociedad. Así las cosas, la crisis del país es: no decir la verdad de lo que se piensa; no enfrentar la realidad como debería; y no asumir los principios que nos enseña la idea de un país distinto donde la democracia sea desde luego un valor esencial y tangible.

El país muy tristemente se cae y se disuelve; en estos días, me encontré con un político de la oposición, y me dijo que la intervención de Estados Unidos era exagerada e injerencista por cuanto había declarado que Venezuela era un peligro o una amenaza para Estados Unidos. Su argumentación fue que él visitaba el pueblo y que este era muy proclive a ser antinorteamericano. Después de oír esa frase, verdaderamente hablando, me di cuenta de que el país ahora está peor de lo que yo imaginaba. Así lo Creo.

 

gbricenovivas@gmail.com | @gbricenovivas