• Caracas (Venezuela)

Gustavo Briceño

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Gustavo Briceño

La ambigüedad del nuevo secretario general

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En estos días vi una entrevista de televisión al nuevo secretario general de la OEA, Luis Almagro, ex canciller uruguayo, y me sorprendí de una realidad que yo mismo no quiero ver, ni mucho menos imaginar, relativa al futuro de la OEA. Es una negación que sufro y que debo acostumbrarme a soportar en estos cinco años que le corresponden ejercer al señor Almagro en tan importante cargo en la organización regional más importante de América Latina.

El concepto de ambigüedad lo busqué, por necesidad intelectual, en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española y dice: “Ambigüedad es lo que admite diversas interpretaciones y puede dar lugar a duda, incertidumbre y confusión”, con ello explica mi preocupación cuando a todas las preguntas realizadas por el periodista este señor contestaba con extraordinaria ambigüedad. Estados Unidos es soberana para dictar lo que desee pero no lo ha debido hacer; es posible verlo, pero si las circunstancias lo permiten; es muy blanco pero puede ser negro dependiendo del color con que se pretende analizar, y así sucesivamente todo el tiempo de la entrevista. Mi preocupación, estimado lector, no es tanto por lo que este señor haya dicho, mi preocupación es por el futuro real de una organización internacional que se ocupa de cuidar los derechos humanos y la democracia como sistema político y social.

Una reforma es urgente en esta organización, lo cual preceptúa primeramente un interesante liderazgo, que no solo defina los derechos humanos y la democracia, sino que asuma el valor y la entereza de pregonarla y ejecutarla. Desde luego, la urgencia de incorporar a la sociedad civil organizada dentro del seno de la organización para que opine frente a los conflictos entre Estados; la definición de lo que significa hoy día la frase “golpe de Estado” en países donde sus gobiernos hayan sido elegidos por elecciones nacionales; la urgente definición de lo que hoy se denomina Poder Ejecutivo; y si es posible, por ejemplo, imaginarse que un tribunal constitucional pueda al violar la Constitución perpetuar un verdadero golpe desde el Estado más que un simple golpe de Estado; e incluso, que los órganos de control de la OEA puedan entrar en el país violador de los derechos humanos sin permiso del gobierno que los viola etc., son unos de los variados ejemplos que la OEA puede mejorar y reformar en vista de satisfacer las necesidades democráticas de los países de América Latina. Es, entonces, una oportunidad ante la historia de encarar desde ya a las dictaduras en América Latina bajo todas sus modalidades y circunstancias. Claro que aquí influye un problema que lo hemos planteado en variadas oportunidades y es la situación de la falta de cultura democrática como expresión de los pueblos que ya no está suficientemente al alcance de la organización pero sí de su promoción y difusión.

Es muy dura la realidad política e histórica de lo que acontece en nuestros países, la existencia de una política comercial e interesada, que no admite que los gobiernos digan la verdad de lo que acontece por preventas comerciales y que al fin y al cabo quienes son los perjudicados son los propios pueblos quienes sufren tales políticas estatales y de los gobiernos. Es, pues, menester precisar y luchar contra la corriente que alienta la hipocresía y el subdesarrollo y conjugar esfuerzos para convencer al mundo, que la defensa de los derechos humanos está muy por encima de las intrigas y los acomodos secretos entre gobiernos. Todos estos personajes que de forma irracional han permitido la violación de los derechos humanos en Venezuela no son más que circunstancias que continúan para la vida en un maleficio inaguantable harto de ser aborrecidos por los pueblos y las comunidades.

La entrevista la llegué hasta el final, aguanté, sin embargo, me motiva hacer este artículo que de algo valdrá su meditación calculada en un esfuerzo de supervivencia frente a una dictadura infernal, la peor de todas: la ambigüedad parece ser el discurso de los que ocupan las máximas instancias tanto del gobierno como de los organismos internacionales. Así lo creo.

 

gbricenovivas@gmail.com | @gbricenovivas