• Caracas (Venezuela)

Gustavo Briceño

Al instante

La actitud del venezolano en el exterior

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Conversaba con unos amigos de épocas pasadas, y como de costumbre, –ahora muy en boga– charlábamos sobre la gran cantidad de venezolanos que se encuentran en el extranjero trabajando como obreros y empleados bajos en empresas, fábricas, auto mercados, restaurantes y bares etc; para lo cual parece una situación escabrosa y menesterosa en indagar y reflexionar sobre esta nueva modalidad de comportamiento individual. 

Ciertamente, se entiende que es una necesidad muy alentada por la supervivencia de estos venezolanos en un país extranjero, las dificultades de un venezolano en un extraño país son mortificantes y neurotizan al más inteligente. Lo que cuesta entender es: ¿por qué lo hacen en el exterior y no en Venezuela? Mas aclaro, por si acaso, que 80% de estos venezolanos son profesionales graduados en universidades venezolanas, en su mayoría de clase media y de cultura aceptable intelectual y profesional, lo que me confiere una duda existencial en cuanto a categorizar un problema de orden social y psicológico en el sentido del porque no hacerlo aquí en nuestro país.

Conocemos de las causas de este serio problema que en esta oportunidad no pretendo ni indicar ni mucho menos alegar: la inmensa incapacidad e ineficiencia del este alocado gobierno en no acordar oportunidades de trabajo y desarrollos humanos a los venezolanos de las nuevas generaciones.  En esta oportunidad planteo al lector otra mera insinuación: que existe una especie de situación de minusvalía social del propio profesional venezolano en no asumir una conducta igual aquí en Venezuela y en el exterior. Todo trabajo por principio ético es dignificante, sea el que sea, por supuesto excluido aquel que se configure contra la moral y las buenas costumbres. ¿Qué de malo tendría entonces, que un abogado o un ingeniero o un médico etc, trabajase en Caracas como taxista o vendedor simple en un automercado? O, que el arquitecto graduado en la UCV fuese el taquillero de un cine en el este de la ciudad de Caracas?

La realidad de ello es para discutirla. Culturalmente –y también socialmente– es imposible aceptar de buena forma que un profesional graduado en una universidad o en un instituto de estudios superiores en Venezuela sea un taxista o un vendedor de cotufitas. La consecuencia inmediata sería su desprecio social y lo peor: daría lastima verlo en esas condiciones. Lo que nos muestra muy severamente que, a estos efectos, la idiosincrasia de los venezolanos en general, dista mucho o todavía, de la normalidad social que ocurre en países ya desarrollados y sobre todo industrializados. En todo caso, los venezolanos que son profesionales de clases medias y cajeros o limpia carros en el exterior, ya no tienen porque someterse a la dura e implacable opinión pública que atesta fuertemente en Venezuela. Están pues, como escondidos, además, nadie, salvo su esposa o sus hijos, o amigos íntimos, los conocen y por esta razón formalmente desinhibidos en sus cotidianas y cruentas laborales.

En la extraña y grata conversación con mis amigos del pasado, la pregunta circundante en todos fue el hecho muy paradójico y cierto de que ya es hora (lo digo con desesperanza) de que el profesional capacitado adquiera un compromiso de acudir a cualquier trabajo aquí en Venezuela, no importando la naturaleza intrínseca de esa labor. Entendemos que por ejemplo, en la ciudad de Miami donde nadie conoce a nadie, ni nadie le importa a nadie, pero si el factor individual de cada quien, cuenta psicológicamente de forma notoria. Para desgracia de ello, y al contrario, en Caracas por ejemplo, nos conocemos todos y muy bien. Eso lo notamos, (coincidencia en el grupo hablador), en la actitud que asumen estos venezolanos cuando están, por cualquier causa en Venezuela, con una plática constante de despotricar todo lo que en nuestro país ocurre, al mismo tiempo con una exagerada posición o visión de expresar que en el exterior todo es maravilloso por no decir que es un paraíso.

A mi parecer, olvidan que al fin de cuentas son ciudadanos venezolanos, nacidos en territorio venezolano, y que expresar: “nunca más vendré a este país” no solo es un autoengaño dilatado y pertinaz en su interioridad, sino una forma muy encubierta de expresar con entera convicción que su real deseo –el que esconde- es estar en Venezuela. Estos temas hay que tocarlos, forman parte del decir a viva voz, que los venezolanos en el exterior y aquí mas que nunca su presencia, es enteramente primordial. Sobre todo para luchar contra los que hoy días nos gobiernan. Estos de verdad como que son nefastos extranjeros que mandan en Venezuela. Así lo creo.  

gbricenovivas@gmail.com