• Caracas (Venezuela)

Gustavo Briceño

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¡Vargas Llosa, el grande!

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En estos días vi en la televisión al escritor hablando sobre variados tópicos de América Latina, y más aun haciendo referencia a su vida personal. Confieso que me asombré. Ciertamente, dibujó con maestría didáctica  su idea sobre lo que es el pasatiempo de la vida y caí en cuenta de su genialidad y en la profundidad de sus ideas. Tal cual lo he creído, es un personaje liberal, respetuoso de las ideas y hasta de las ideologías; pero personifica la creencia de que los hombres en la vida debemos compartir los pasatiempos en memoria y en creación. La vida es creación, dice, y ello debe existir hasta el día de la muerte. Es, desde luego, la concatenación de hechos y circunstancias que debemos afrontar, analizando y observando las realidades y construyendo situaciones jamás vistas, así y en tanto vamos hacia el destino final construyendo espectáculos y acontecimientos.

La entrevista en CNN es recomendable, -despierta al depresivo y atonta al pesimista- porque entre otras múltiples cosas, el escritor mezcla su vida personal con la política, es en todo caso un especial liberal con mucha dosis de individualidad, es decir, un hombre donde admite la existencia de una sociedad libre pero con límites formales provenientes del Estado pero, que en el plano de cada individuo, emerge la circunstancia de hacer lo que quiera, es decir, adaptarse en una sociedad donde los principios son importantes y los dogmas, pero en atención a una participación de estos, solo limitado a lo individual, permitiendo que la sociedad pueda transitar por el mundo con asumida y valiente libertad de creación. Es, para traducirlo a mi forma de ver, incluir u abastecer la sociedad actual con democracia, donde el Estado tenga una participación justificadamente constitucional y legal, pero nunca asumiendo el papel -por ejemplo socialista- de ahogar al ciudadano hasta convertirlo en un objeto de la sociedad y no en un sujeto actuante con derechos y facultades.

Lo que expresó sobre mi país es genial y certero: Venezuela sufre algo incomprensible: los presidentes de América Latina haciéndose los locos sobre lo que pasa en Venezuela, conviviendo con una autocracia corrupta y militar. Aplaude a la oposición democrática por el esfuerzo que hace para reencontrarse con el camino de las libertades y todo lo que ello significa en este convulsionado mundo latinoamericano. La desesperación nos viene al menos por lo que a mí respecta, que el sentir y la expresión de un hombre de esta categoría es capaz de decir esas cosas y sin embargo al día siguiente vemos que lo mismo ocurre siempre, y los cambios se observan en este país sin un horizonte claro. Es la cotidianidad de lo que percibimos diariamente, y que de manera tenaz, la dictadura del presente régimen venezolano nos muestra todos los días.

Mario Vargas Llosa es muy constructivo, es genial, es práctico, es muy latinoamericano en su forma de ser, es evidentemente un demócrata, pero más que eso -que es importante-  es un hombre que indica una vida: los nacionales de estos países debemos ser libres. La libertad es para él una obligación de los ciudadanos, no solo un derecho, es una ida atractiva el buscar y encontrar la libertad de cada uno, es en definitiva, un trabajo necesario que debe individualizar y enaltecer a los seres humanos. ¡Qué obligación tan extraordinaria! Hasta podríamos pensar en una reforma a la Carta Democrática Interamericana y decir que la democracia no solo es un derecho sino una obligación de los ciudadanos. Así lo creo.

 

@gbricenovivas