• Caracas (Venezuela)

Gustavo Briceño

Al instante

Terco y tremendo periódico

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No hay situación más complicada que expresar e informar en un país donde las instituciones están tomadas por un solo poder. Me refiero, por supuesto, a las características más evidentes de una autocracia. En todos los instrumentos jurídicos nacionales como internacionales, la falta de libertad de expresión es muy condenable, por cuanto esos mismos instrumentos, como las decisiones de los órganos jurisdiccionales, señalan que la falta de libertad en el pensamiento de la gente y de su expresión comunicacional es la negación más fiel de la democracia como sistema racional de convivencia, por ende de la libertad.

Estas han sido luchas terrenales y terribles que han empañado al mundo con guerras civiles y no civiles, torturas, persecuciones, cárceles, juicios sumarios inventados, en fin, la lucha del hombre por su libertad ha ocurrido en todas las etapas de la historia, y hasta hoy día. Pudiéramos pensar que con la globalización ese combate ha sido de una u otra forma detenido, pero eso no ha ocurrido, lo que asombra, mortifica y engrandece la angustia de que podamos estar en una sociedad en la que la libertad de opinión y de información y de comunicación está seriamente cuestionada: la estamos viviendo precisamente hoy día.

El Nacional, que celebra 72 años de esa lucha incansable por la libertad y la democracia, se nos presenta como un ente terco y tremendo ante tales circunstancias. Está convencido de su papel ante la historia. Los habitantes de este inmenso y complejo país hemos tenido la fortuna de que exista un medio de comunicación terco y tremendo al combatir contra las autocracias y hacer que los venezolanos podamos expresarnos con dignidad y decoro.

A estos efectos, El Nacional ha tenido un rol esencial. Es desde toda perspectiva una actuación que marca un hito fundamental. Una señal que ayuda no solo a investigar los hechos más importantes de la historia sino que, en momentos de crisis individuales y colectivas, esa específica lucha del medio de comunicación estimula y engrandece el deseo de llegar prontamente a un punto en el que los venezolanos podamos vivir al menos en libertad y con la presencia anhelada de la democracia como un especial régimen de convivencia.

Es terco, pues hace lo que la gente desea: informa y siempre reta a la autocracia en sus titulares y artículos de opinión más importantes; y es tremendo por cuanto es temido, asusta a los autócratas que valiéndose de sus poderes circunstanciales inventan juicios, compran jueces e intentan amedrentar al medio para ver si se detiene en su lucha por la libertad. Pero los individuos que realizan tan innobles y desesperadas faenas pierden su tiempo, de allí el escamoteo servil que le hacen los jueces perniciosos y que obedecen sin ningún saboreamiento que los atragante en sus fechorías imposibles de digerir.

La Democracia –con mayúscula– se restablece con perseverancia y dedicación. Es, desde luego, una faena cruenta que a la sociedad civil y los partidos políticos les corresponde iniciar, aventurar y actuar a la brevedad. Son banderas que se crean y se construyen para afincarse en la conciencia de los venezolanos que amamos la libertad; banderas, también, que van de la mano con nuestro pensamiento: ¿Es posible imaginar la historia de Venezuela en su lucha por la democracia sin la presencia de El Nacional como actor fundamental? No, imposible.

Leamos un poquito la historia, Juan Vicente Gómez, Marcos Pérez Jiménez, Hugo Chávez Frías y ahora este último, que no calza en la historia venezolana para ser siquiera nombrado, y observaremos una característica fundamental: la terquedad y la tremendura para luchar y combatir a los autócratas. En eso, en El Nacional son unos expertos. Así lo creo.

gbricenovivas@gmail.com