• Caracas (Venezuela)

Gustavo Briceño

Al instante

¡Señores hay futuro!

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Este año ha sido muy difícil para los venezolanos, sobre todo en lo que se refiere a la vida económica, en la cual el sufrimiento ha sido inmenso, si consideramos principalmente el altísimo costo de la vida y la escasez de alimentos y medicinas, todo injustamente provocado por las políticas de un gobierno cada vez ineficiente, más alejado del sentimiento real de los venezolanos en sus vidas, en sus ideales y en sus pensamientos.

Desde luego, atajando todo como un contexto general, la sorpresa inmediata provocada por el resultado de las elecciones para la Asamblea Nacional nos llena de ilusión, de alegría y de esperanza. En Venezuela existe ahora un porvenir interesante, por cuanto el futuro al cual me refiero, supone que lo construyamos nosotros mismos a través de un grupo de venezolanos que fueron elegidos para hacer leyes y controlar un régimen pernicioso que histórica y temporalmente nos gobierna. La lucha es muy fuerte, entre las variadas causas, presenciamos un gobierno, no solo irrespetuoso de las leyes, sino suficientemente antiético que imprime y sella en sus acciones gubernamentales un desdén sin límite para la mentira y el abuso. Acabo de presenciar por televisión la respuesta que ha dado la canciller de Venezuela al pedido del presidente Macri en Mercosur con relación a la liberación de los presos políticos en nuestro país, respuesta de la señora Rodríguez que produce lástima y vergüenza. Nunca habíamos presenciado una argumentación tan falaz ante un organismo internacional y en la presencia de mandatarios de otros países de tal magnitud.

¿Qué nos corresponde hacer? la milagrosa faena es afincarnos en nuestros valores e ideales, convertir las ganas de mejorar en una obsesión, buscar la democracia con la finalidad de construir un país diferente desde nuestros sentimientos, y combatir por todos los medios la pretendida actuación de la minoría que nos gobierna desde el Ejecutivo, cuando utilizan a grupos poblacionales en querer indicamos fantasiosas asambleas populares que no tienen absolutamente ninguna base legal y mucho menos legitimidad popular. Los pueblos deciden sus destinos, ordenar a sus representados –los elegidos– conducir los cambios para alcanzar ideales y promesas imaginadas. Conscientes estamos de que los cambios sociales no se logran solo haciendo leyes, eso es una fantasía, vale, desde luego, que desde la Asamblea Nacional se redacten y se aprueben leyes en beneficio del desarrollo del país, pero ello no es suficiente, si nos reencontramos con la pared de la terquedad y la ineficiencia de este gobierno en ejecutar lo indicado por las leyes. Es una prueba más para los venezolanos, es un reto fervoroso que debemos asumir desde ya para alejar a Venezuela de la mediocridad y del subdesarrollo a que nos acostumbra el gobierno. Sí hay futuro es un destino común que nos acerca en nuestra venezolanidad y desde allí el salto para un futuro mejor. Así lo creo.

 

gbricenovivas@gmail.com