• Caracas (Venezuela)

Gustavo Briceño

Al instante

Rumores son rumores

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En estos días las redes sociales están colapsadas de rumores. Un rumor es una información muy particular que se caracteriza por la ausencia de veracidad y fundamentalmente, por la falta de prueba sobre lo dicho. Es una situación humana que genera incertidumbre, pero con un ánimo psicológico de que el o los hechos denunciados o anunciados se produzcan en la realidad. La pregunta irremediable de hacernos es: ¿por qué se extienden tanto y en las redes y medios de comunicación los rumores? Entre ellos, el rumor más publicitado hoy día es la renuncia de Maduro y su eventual huida del país, dada la situación de precariedad económica y social que sufrimos los venezolanos. Yo abiertamente lo expreso, me encantaría que ese específico y esperado rumor fuera verdad. Sería un rumor tangible que se transformó en noticia real y objetiva: el efecto psicológico de desearlo alcanzaría el fin esperado.

Por ello creo que los rumores son situaciones positivas y alentadoras –no en todos los casos por supuesto– sobre todo cuando la ética y la moral acompañan al sentir de quien lo practica o lo divulga. Es decir, el rumor, como expresión comunicacional y propagandística, es bienvenido, y ataja un sentimiento de libertad individual y de envoltura social. Por ejemplo, en nuestro país, desde que yo era niño, siempre oía decir de los mayores de que un golpe de Estado se preparaba contra el gobierno, y que entonces los militares iban a gobernar, pero era para su época una situación de incertidumbre de algo negativo para el país. Era entonces, un rumor con miedo y cuya finalidad era generar angustia entre la población. Decían que los rumores provenían hasta del mismo gobierno, para que los servicios de inteligencia captaran a aquellas personas que se dedicaban a tan malas prácticas comunicacionales. Pero los rumores hoy en día tienen objetivos diferentes, hoy en día hasta alegría producen, y se engloban en la práctica común en un sistema social distinto, por cierto íntimamente vinculado con la globalización mundial que arropa nuestro sentimiento y más los pensamientos.

Que Maduro va a renunciar –fuerte rumor– corre como un bólido no solo en nuestra sufrida Venezuela sino en España, por ejemplo, donde tengo amigos que me llaman para preguntarme esa nueva circunstancia. Siempre les contesto lo mismo, que ojalá fuera cierto, por cuanto el país descansaría de la perplejidad de encontrarnos como estamos y de vivir como vivimos. El rumor se ha internacionalizado tanto que el mismo se ha constituido en una fuente esencial de propagación y referencia y se estima necesario para que los estados y las instituciones fundamentales puedan valorar el rumor –este en específico– y empujar definitivamente esa circunstancia que de ser cierta aliviaría las cargas de un país que sufre diariamente.

La renuncia del presidente es un problema de orden ético y hasta moral –no me refiero a la distinción entre el bien y el mal– no, sino a la superación de una tragedia encarnada en la persona misma del presidente, que le hace daño al país en cada oportunidad en que la televisión lo muestra de pleno empeño en cadena nacional. Aquel hombre de 1.90 metros con una chaqueta marrón anchísima, envuelve el tamaño de la tragedia que vivimos. Lo que dice en su charlatanería –con risas y con lloros– invoca una situación de desesperación ritualmente inconforme con la acción de lo que se propone hacer. Sus frases no alcanzan lo que quiere decir, y su verbo anticastellano promete un país ofuscado en sus políticas sociales y económicas. El dicho tradicional y convencional: la esperanza es lo último que se pierde, pero en esta oportunidad el rumor más importante y deseado es que esta esperanza fuera realidad y que aquella enormidad de problemas con chaqueta y todo desaparezcan, por el solo hecho de su renuncia aparatosamente deseada por tantos venezolanos que amamos la democracia y la armonía como forma de convivencia social. A estas alturas yo de verdad les confieso que lo que dije en las frases anteriores no son simples rumores sino deseos muy genuinos. Así lo creo.