• Caracas (Venezuela)

Gustavo Briceño

Al instante

Política de gobierno contra política de Estado

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

El gobierno venezolano en sus fases internacionales asume cada vez más una política de gobierno más que propiamente una política de Estado. La política de Estado constituye en puridad de conceptos, aquella dirección presidencial,   e indicativa, destinada a dirigir las relaciones internacionales bajo la conducción o el contexto de una política destinada a favorecer la soberanía y la democracia en organismos internacionales, independientemente de las posiciones ideológicas de los integrantes o conductores de los gobiernos. Es en este sentido, la utilización de una política y una forma de clara de actuar destinada a conservar principios, dogmas y soberanía encarnados en ideales muy destinados a engrandecer democracias y participación social.

La mayoría de los países del área comunista en el mundo se han caracterizados por no hacer uso de políticas de Estado sino política de gobiernos. Este es el caso actual del gobierno venezolano, por lo que lo importante es la sumatoria de modelos relajadamente extranjeros que como el de Cuba han dañado tanto la situación social y económica de Venezuela en estos últimos años.

Lo observamos en cada oportunidad en que al señor Maduro le corresponde viajar al exterior y recorrer millas aéreas sin concierto ni aceptación formal de la institución legislativa. En los años de la democracia representativa de 1958 a 1989, cada vez que un presidente salía del país, debía ser autorizado por el Congreso y se discutía en el seno del órgano legislativo, la necesidad o no del viaje presidencial. Era, desde luego, una manera de controlar los viajes a los fines de evitar cualquier exceso o inconveniencia de dichas giras presidenciales. Constituía además, un mandato constitucional que se verificó tanto en la Constitución de 1961 como en la actual de 1999. Invocaba entonces una facultad contralora del Congreso en orden de que los representantes del pueblo, pudieran verificar la necesidad o no de la gira del presidente.

Ahora, esta situación ha cambiado radicalmente; los viajes presidenciales se han convertido en manifestaciones única y exclusivamente del presidente: ya no es necesaria la autorización parlamentaria, lo que desarrolla fatalmente una forma muy autocrática de dirigir la política del Estado ya suficientemente superada por la mayoría de los países democráticos del mundo. El presidente, hoy día, se va al exterior y los venezolanos no conocemos a qué va, ni con qué finalidad. Desafortunadamente su interés –de acuerdo con las informaciones comunicacionales de los organismos del Estado– es enaltecer la revolución bolivariana y todo el desprestigio que dicha política “internacional” significa tanto en Europa como en nuestra América Latina.

Ya existe de Venezuela una idea de que la democracia está ausente. Eso es innegable. Se observa de nuestro país una clara y reverente autocracia donde la violación de los derechos humanos es significativamente determinada en congresos y parlamentos internacionales, y donde la manifestación de grandes personalidades políticas así lo declaran. Es triste esta situación y menoscaba cada vez más nuestra credibilidad como nación y como país. Lo último ha sido las famosas firmas contra el decreto de Obama, que al fin y al cabo y después de esa espectacular campaña publicitaria no se la entregaron y ni siquiera Obama habló de ellas. ¡Qué pena! ¿Dimos la cómica? Desafortunadamente yo pienso que sí.

 

gbricenovivas@gmail.com

@gbricenovivas