• Caracas (Venezuela)

Gustavo Briceño

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Mensaje a los abogados

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No hay profesión liberal más gratuita y esplendorosa que la abogacía. Es en puridad de conceptos, o en esencia, la profesión social por excelencia. De allí denomina su raíz gramatical más conmovedora: abogar por los demás. No es posible imaginar, desde luego, un abogado sin sensibilidad social y política, incluso, por ideal que se posesione en su vida profesional, como aquel que defiende los derechos solo de los particulares. En todo caso, aun con semejantes características, el Estado como persona jurídica –la república– u otros órganos del poder público aparecen como intermediario natural y consecuente interventor en dicha relación profesional.

En estos días se cumple el día del abogado: 23 de junio, fecha que se conmemora el decreto promulgado por el presidente Caldera en conmemoración del natalicio de don Cristóbal Mendoza quien nació en la ciudad de Trujillo en el año de 1772. El cumplimiento de estas fechas son importantes todas, pero más ahora, cuando los profesionales del derecho nos vemos desafortunadamente angustiados por cuanto la situación social y jurídica de nuestra patria es cada vez mas desgraciada y peligrosamente institucional.

El Estado de Derecho en Venezuela, especialmente su institucionalidad, ha ido desapareciendo progresivamente después de la interrupción autocrática de un régimen político que se ha dedicado a destruir los cimientos de la democracia y todo lo que ello ha implicado en el acontecer de la vida social y política en un país como Venezuela, determinado históricamente como una nación que ha luchado por las libertades y el libre juego de las ideas democráticas. No es posible siquiera imaginarse lo que ocurre en nuestro país, y es el hecho de encontrarnos con un Poder Judicial ineficaz e ineficiente, sometido a los dictados del Poder Ejecutivo de una camarilla de incapaces y corruptos, sobre todo dolorosamente utilizado para perseguir y maldecir a los venezolanos que nos oponemos al régimen. Así han acabado con los dirigentes políticos de la oposición, muchos de ellos presos en las cárceles. No es posible entonces, imaginarse un país sin Poder Judicial confiable donde los jueces dicten sus sentencias con imparcialidad y objetividad.

Pues bien, la realidad se impone, y los abogados quienes cumplimos años de historia, nos vemos en la necesidad de presenciar en vida y corazón esa hora actual triste y menguada que ha logrado que muchos de nosotros, nos veamos en la necesidad de emigrar –abogados jóvenes– para otros países que garanticen supuestamente, una vida mas cónsona y placentera como merecemos, no solo como abogados sino como simples ciudadanos. La diáspora de profesionales del derechos es impresionante, lo que conlleva a determinar a un futuro muy cercano, una pertinaz violación de los derechos humanos de los profesionales por parte del régimen para lo cual indico que la vida en el futuro dará cuenta de ello. La abogacía es impresionantemente grande en su sentido profesional y ético, y como resultado de un análisis que cada abogado haga de su verdadera labor individual que lo dignifica tanto como hombre y principalmente como ente social.

Pero como siempre, tenemos el derecho de convocar a los demás para persistir en la lucha abierta que las leyes y los instrumentos jurídicos nos impulsan para combatir en favor de nuestra profesión, de allí, su sentido histórico y universal. La abogacía es la profesión de los fuertes y de los capaces. Nuestro protagonismo está muy actualizado. Ahora es cuando comenzamos.  Así lo creo.

 

gbricenovivas@gmail.com

@gbricenovivas