• Caracas (Venezuela)

Gustavo Briceño

Al instante

Linchamiento y horror

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Imaginemos una sociedad alcanzada al extremo por la crisis, donde la sociedad, de una u otra forma se sustituye a los juzgados y tribunales y dicta sentencias a favor de sus pretensiones y alternativas. Es, desde luego, una colectividad en conflicto y en ebullición hacia lo desconocido e inimaginable. Observando una serie de hechos últimamente en Venezuela: ¿cómo frente a la delincuencia de malhechores y ladrones es la propia gente quien le corresponde sancionar cuando de manera in fraganti se arremete y hasta se asesina a ladrones y melandros y deciden cometer y asumir hechos delictuales? Esa situación de alarma general está ocurriendo en nuestro país. Ahora, el linchamiento es una pretensión actuada y deseada por diversos sectores sociales.

A esta realidad, se suma una preocupación adicional, que no por asombro deja de alarmar, sino el hecho de que la noticia, al mismo tiempo que se transmite en determinados medios de comunicación y redes sociales, la reacción general de la gente es de satisfacción y hasta de fervor alucinante en aceptar y justificar los linchamientos. Determinadas conductas colectivas –cuando todo el mundo– una asociación de vecinos del lugar o por ejemplo, los vecinos del edifico fueron y le dieron una golpiza al delincuente y en determinados casos le dieron hasta la muerte: “bien merecida”.

A mi juicio, perfectamente subjetivo, es producto de dos situaciones muy bien definidas. En primer lugar, la ausencia de un Poder Judicial objetivo y confiable que castigue y juzgue con certeza y racionalidad técnica a un delincuente, aunado a la falta de sentencias confiables que ejemplifiquen la existencia formal de un Estado de Derecho que sancione a delincuentes y personas ingratas. Y la que más justifica esta conducta tan inhumana y patológica –de alegrarse porque un delincuente fue linchado por vecinos de una determinada zona territorial– lo constituye el morbo de frustración de la sociedad al ver la incapacidad y la indiferencia del Estado en actuar contra lo delincuentes que habitan impunemente en todas las calles de la ciudad. En muchas oportunidades se podría entender en la existencia real de un Estado delincuencial.

Dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española que linchar es ejecutar sin proceso y de forma tumultuosa a un sospechoso o a un reo, lo cual incluye en puridad de concepto, a aquel individuo que asalta o roba a un transeúnte, y el tumulto –parte colectiva– lo lincha o lo mata sin fórmula alguna de juicio que de una u otra forma justifique objetivamente el acto delictual. 

Que yo sepa, esta situación nunca había ocurrido en nuestro país, al menos como un acontecimiento social ya informado por los diversos medios sociales de comunicación, en todo caso, han podido haber existido venganzas sociales en épocas pasadas –guerras o trifulcas populares– producto de conductas de inadaptados y que la sociedad se hubiese vengado fervorosamente de determinados delincuentes políticos o algo por el estilo, pero de ello, a constatar, como hoy, se materializan linchamientos en el seno de la clase media caraqueña por ejemplo, es una situación inconcebible hoy día y que solo ocurre acompañado de un gran nivel de frustración social producto de la actuación de un gobierno, que no solo no es capaz de conferir una solución razonable y certera en beneficio de la población, sino que aún más, pareciera que más bien la estimula. Ya el linchamiento referido se extendería a un linchamiento de orden político por no decir ético y moral. Lo ideal no hubiera sido escribir una artículo de esta naturaleza, sin embargo, es importante que ello ocurra con la finalidad muy exclusivamente de tomar en cuenta esta circunstancia social jamás vista y actuada en nuestro país. Así lo creo.

gbricenovivas@gmail.com

@gbricenovivas