• Caracas (Venezuela)

Gustavo Briceño

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Laudato si’: el papa y la democracia

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Laudato si’ (alabado seas) es el nombre de la última encíclica del papa Francisco, cual expone cinco ideas esenciales y que a juicio de muchos críticos o estudiosos de las encíclicas de los papas a través de estos últimos siglos son los siguientes: 1. Ser  agradecido y practicar la gratuidad. El papa pide que todo cristiano reconozca el mundo (lo creado) como un don recibido del amor del Padre, algo que implica actitudes de renuncia y de gestos generosos. 2. Educar en los diversos ámbitos. El santo padre pide no educar solo desde el punto de vista científico o formal, con leyes y normas jurídicas como se ha hecho en el mundo hasta ahora, sino ir más allá, incluso, e intentar educar en las cosas más simples de la vida. 3. Alejamiento del consumismo compulsivo. Las personas que se dejan “atrapar” por los juegos del mercado, son sumergidas y alienadas en la “locura” de las compras y los gastos innecesarios y superfluos. 4. Olvido del egoísmo. El papa Francisco sostiene que la situación actual del mundo favorece distintas formas de egoísmo. Así, los ciudadanos se convierten en sujetos y objetos del dinero y se aíslan consecuentemente en sí mismas. 5. Conversión interior. El santo padre recuerda la necesidad de convertirse y transformarse. Es decir, reencontrarse siempre con Jesucristo e iniciar seguidamente una vida nueva y grandemente esperanzada.

Particularmente relaciono estos cinco principios esenciales de la nueva Encíclica papal con el tema de la democracia como sistema político y como derecho humano. En efecto, la democracia como sistema político implica como consecuencia un comportamiento fundamentalmente humano y vivencial, en el cual el hombre y sus circunstancias personales dirigen su mirada a una forma especial de comportamiento individual y social destinado a la comunión con los demás. La democracia no es, entonces, puramente un sistema estructural y político formal, donde los poderes públicos –definidos en una constitución– deben adaptarse a unas leyes y a una actitud de autoridades públicas y de ciudadanos que solo usufructúa derechos e intereses. Al contrario, la democracia constituye, de forma primordial, un  estado de ser y de actuar, una aptitud y una actitud que engrana y engendra al hombre consigo mismo y con los demás. La democracia verdadera debe ser esencialmente una democracia de participación y de representación. Sin un comportamiento especial y de esa naturaleza es suficientemente difícil explicar y acercarse a la democracia verdadera y leal con los hombres, más en una sociedad harto complicada como la actual.

Es menester desde luego, relacionar el reconocimiento de la creación de Dios y agradecerlo con la circunstancia actual de vivir dentro de un mundo de leyes y de normas que en la mayoría de los casos son beneficiosas para los ciudadanos. Como ejemplo, la educación verdadera la indicamos en su expresión formal o científica, pero del mismo modo, enseñar a los ciudadanos de a pie la necesidad que tienen de respetar y hacer cumplir las leyes. El cumplimiento de las leyes en una sociedad democrática es el principio y no la excepción. En un país donde esto ocurre es muy difícil expresar que no existe una democracia real. El egoísmo es una actitud enfermiza y alentadora del individualismo y la arrogancia. En una democracia, no puede haber egoísmo, dado que las autoridades al ser elegidas por sus gobernados deben generalizar sus decisiones y ello implica principalmente compartir ideas y sentimientos, luego el egoísmo, como lo condena el papa en su encíclica, también es una condena implícita a su existencia en un sistema democrático. La democracia en puridad de conceptos es una constante renovación del propio sistema. Es, desde luego y de nuevo, la retoma consciente de la noción de la renovación o evolución permanente, con ello la necesidad de convertirse a la palabra que alude Francisco en su encíclica con Jesucristo, de intentar e iniciar una nueva vida manteniendo los valores esenciales y practicando el respeto para uno mismo y para los demás. No es más que la expresión más digna de lo que constituye la democracia como sistema de convivencia entre los hombres. Así lo creo.


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@gbricenovivas