• Caracas (Venezuela)

Gustavo Briceño

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Gustavo Briceño

Incongruencias injustificadas

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Digo esto porque en el mundo de lo concreto, y aun de lo abstracto, existen incongruencias injustificadas y también justificadas. Una persona se puede equivocar de forma congruente, así como otra persona se puede equivocar de forma incongruente. Un ejemplo, una persona de escasos recursos intelectuales es factible que argumente algo sin sentido y aun así supone que confiere una idea incongruente, pero justificada dada sus escasez de conocimiento.

Lo imperdonable es una situación e la que la persona es incongruente y del mismo modo abiertamente injustificada en su argumentación. Es el ejemplo que le ocurre al presente régimen que nos gobierna. En efecto, con relación al crimen ocurrido del diputado tan joven, el gobierno actúa como si la culpa de todo lo tiene la derecha lacaya e internacional y el imperio norteamericano. No solo parece una argumentación imposible, sino atribuye a la idea ya superada por la historia de que todo lo externo es lo culpable de todas nuestras desgracias, para lo cual hace uso de todos los medios a su alcance y determinar con ello una situación en la opinión pública y para eso exculparse de un crimen tan atroz. Sin embargo, actúa y acusa incluso a sectores de la delincuencia dentro del propio gobierno, que lo coloca en una situación de evidente incongruencia manifestada con las intervenciones del señor Maduro cada vez que se sitúa en el plano de la comunicación.

Esto no es nada nuevo cuando los regímenes políticos son severamente autocráticos y dictatoriales. El régimen de Pinochet y las políticas que fueron tomadas como represivas frente a los opositores a ese gobierno, el síntoma de todo eran las incongruencias injustificadas, cuando por ejemplo el dictador hablaba de la fe en la Iglesia, y al día siguiente ordenaba el asesinato de opositores políticos, o cuando el gobierno de los Castro hace referencia a los derechos humanos y luego expulsa a cubanos disidentes violándoles el derecho a la libertad, o cuando la OEA hace referencia a los derechos humanos y luego invita a un país con régimen dictatorial a participar en unas conferencias a favor de los mismos derechos humanos. No son situaciones que ocurren realmente con cierta determinación, las incongruencias injustificadas son normales sobre todo cuando el actor o el promovente lo hace convencido de su argumentación, y con el intento premeditado de dañar los intereses del contrario. Es una malignidad que ocurre justamente en gobiernos que aparentan ser democráticos y actúan en la práctica como gobiernos marcadamente autocráticos o dictatoriales.

La democracia representativa funciona normalmente con la constante contradicción de ideas y de políticas que se llevan a cabo. Es el juego formal y hasta ideal de la democracia, pues bien, lo que vale realmente en un país democrático y que pretende desarrollarse objetivamente es el esfuerzo y el trabajo de sus ciudadanos. El precio de tener una democracia es precisamente ese: las contradicciones y los conflictos. No interesa, en puridad de concepto, que haya o no conflicto, lo que importa es que existan los mecanismos jurídicos y sociales para que esos conflictos entre grupos sociales se resuelvan armoniosamente y bajo el compás de los consensos y con la imposición del que más convenza en sus argumentaciones. Esta razón es suficiente para invocar que el presente y dilatado gobierno, cuando actúa en el caso del crimen del diputado, articula formas incongruentes, de allí que insta a la actuación de la paz de la república, pero del mismo modo lo dice con violencia y agresividad. Sus planteamientos son incongruentes e injustificados. Así lo creo.