• Caracas (Venezuela)

Gustavo Briceño

Al instante

Henry Ramos lo hizo con afecto

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Estos comienzos de año en Venezuela han sido interesantes. Han sido

interesantes, si vemos los acontecimientos en el nuevo parlamento

venezolano, integrado por diputados de la oposición en contraste con los del

gobierno. La elección del presidente de la Asamblea tomó en consideración

importante la existencia de un hombre fogueado e inteligente como lo es

Henry Ramos Allup. Vale la pena el análisis de lo ocurrido –en estas líneas–

para verificar muchos tabúes que tiene la gente común y que esa nueva

elección del presidente de la Asamblea rompe con parámetros culturales y

mentales ocurridos en los últimos años, manifestación que me refiere a la

gente que dice que siempre hay que poner gente joven cronológicamente en

los cargos en gran responsabilidad en el país.

Ramos Allup es un hombre de más de 70 años, lo cual implica que a los fines

de la idea cultural en Venezuela es un hombre viejo. Que la Asamblea ha

debido de ser presidida por un joven que quiera cambiar el mundo, y no

contaminado con las mañas tradicionales del quehacer político venezolano.

Nada más falso. Justamente, el día de la elección, el representante del

gobierno, un joven de 25 años, Héctor Rodríguez parecía un verdadero viejo

en sus planteamientos políticos y en sus argumentaciones sociales para

rechazar la propuesta de los sectores de la oposición. Al contrario, Ramos

Allup hizo planteamientos de modernidad e incluso, a mí en particular, me

llamó la atención el hecho de que planteara públicamente que los diputados de

ahora deben tenerse cariño y afecto entre ellos, para mejor convertir los

consensos necesarios y así contribuir, de una manera u otra, en fortalecer el

criterio por medio del cual la democracia y la libertad son el verdadero camino

para lograr la paz y la grandeza. Indiscutiblemente, el planteamiento de

vincular el trabajo de un político cara al sentimiento propio de los seres

humanos es, a mi juicio, un argumento ideal que nunca ha sido alegado por

político alguno en Venezuela después de 40 años, que yo recuerde. Y que lo

manifieste un hombre creado en la cuarta república, adeco de profesión, y

hombre que vivió intensamente los años sesenta, setenta y ochenta me parece

de una iluminaria y grandeza que no tiene límites. Ese solo argumento, basado

en un razonamiento personal del mismo Henry, me basta para considerarlo el

candidato ideal para ocupar la presidencia de la nueva Asamblea Nacional.  

Fíjese que digo la nueva Asamblea Nacional –lo cual refiero exactamente una

conjunción de representantes del pueblo con ideas distintas y hasta

contradictorias– que tengan ideas modernas sobre lo que debe ser la

democracia hoy día, y los nuevos sistemas de la política mundial, y más aquí

en Venezuela donde sufrimos un atraso histórico e ideológico de más de 40

años producto de las políticas de un régimen que todos los días se muere

lentamente, tanto en sus reacciones sociales como en sus políticas públicas.

En la nueva democracia el afecto debe mandar y gobernar, es decir,

imaginemos que hacer una ley no solo implica estatuir por vía general para un

indeterminado número de personas, sino que el fin de la ley no solo sea lograr

su cumplimento para llegar al bien común, sino verificar y enaltecer que la

sumisión de cada uno de nosotros al texto de la mayoría se haga con afecto y

admiración. En estos días he seguido de cerca las directrices del nuevo

presidente de la Asamblea, y les confieso mi admiración personal cada vez

que habla o actúa. Lo veo que actúa con afecto. El día que decidió votar la

gran cantidad de fotos de Chávez y de Bolívar que había en la Asamblea –que

parecían más pinturas hechas por brujos o pintores fumando tabaco– su forma

de hacerlo lo hizo pensando en la parte sentimental del pueblo, para que no se

confunda en sus afectos y sentimientos. Para mí fue una actuación adecuada a

los nuevos tiempos y lo hizo con afecto. Henry Ramos Allup es un hombre

joven. Así lo creo.

gbricenovivas@gmail.com