• Caracas (Venezuela)

Gustavo Briceño

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Gustavo Briceño

Crimen perfecto

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Resulta emblemático que un gobierno que, además de no progresar en sus políticas económicas y sociales y de degradarse cada vez más, y de cacarear una revolución invisible, se acerque a mostrar obstinadamente que los crímenes que se cometen en su seno se deben a factores externos o inducidos por elementos y personajes que contrarían las políticas del presente régimen. Todo es culpa de la derecha internacional. Esa es la consigna.

Es terrible el asesinato del joven diputado de solo 27 años de edad. Esto merece una condena total por una sociedad que sea civilizada, independientemente de la ideología que el asesinado haya planteado y expuesto en su vida. Ahora, nos hacemos una pregunta. ¿Cómo es posible imaginar que un joven de apenas 27 años de edad estuviera siempre guardado por seis guardaespaldas?
¿Qué hacia este joven de tan corta edad para ser protegido de esa forma? Hay una presunción, como dicen los abogados, iuris tantum de veracidad, y es el hecho de que este joven tendría conductas no del todo normales o hasta cierto sentido reñidas con la armonía y la tranquilidad. ¿No les parece?

Desgraciadamente, ese crimen tan horrible es el reflejo fiel y auténtico de una política en crisis, al menos en el plano de la seguridad y de la ética. No es posible imaginar tanta saña y represión y tanto odio, que conlleve a que esa muerte sea tan vengada como lo fue. Y referimos la ética, porque entre todas las cosas ocurridas tan dramáticamente, se detecta la falta de moral del régimen, al pretender una manifestación popular consensuada, cuando es posible que los asesinos se encuentren en el interior del propio gobierno. Un gobierno sano y responsable pone en movimiento todos los órganos de investigación del Estado para que este actúe con objetividad y sin apasionamiento político ni ideológico de ninguna especie. Caer en la tentación de culpar a la política contraria a la del gobierno no es más que la prueba evidente de pretender escamotar y salirse de la culpa que internamente los invade. Son definitivamente incapaces e inefectivos, lo que conlleva a imaginar que la naturaleza propia del régimen es hacer lo contrario que indicaría un sistema político cuerdo, donde imperara la armonía y la concordia.   

Crimen perfecto no hay, siempre se descubre el asesino, por lo menos de manera presuntiva. Así ha ocurrido con el caso Kennedy y otros, como aquí en nuestro país, el de Danilo Anderson. Al final de las cosas, todo el mundo sabe quién mató a quién. Yo estaría muy preocupado si fuere miembro del gobierno o al menos simpatizante, porque la presunción que existe vox populi frente al crimen de estos días del diputado tan joven es que fue alguien de su mismo entorno personal, dadas las características del asesinado y su envoltura política, por cierto, muy desgraciadamente.  

Por ello decimos crimen perfecto, si nos atenemos a las características de los personeros de este gobierno, remarcado todos los días cuando observamos llorando al señor Maduro en un entierro, y maldiciendo a la derecha asesina sin justificación alguna, sin percatarse de lo que tiene alrededor o en su entorno. Que vea tanto a su izquierda como a la derecha de donde está, y de repente lo encuentra hasta sin darse cuenta. Así lo creo.