• Caracas (Venezuela)

Gustavo Briceño

Al instante

¡Chávez nuestro que estás en los cielos…!

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Todas las naciones en el mundo tienen tanto aspectos positivos como negativos. Es como decir la idiosincrasia de los pueblos, sus formas de ser, las costumbres que caracterizan a ese pueblo y a esa sociedad. El título del presente artículo nos recuerda una expresión que en lo que a mi refiere, siempre la escuché de la voz de los sacerdotes de las iglesias. Todo aquel que insultara a símbolos religiosos constituía una blasfemia. Así, la blasfemia es entonces, una ofensa a una divinidad. Es un insulto o irreverencia hacia una religión determinada o hacia lo que se considera sagrado y eterno. Es la difamación del nombre de un dios. Significa pues, que un determinado colectivo, al expresar que Chávez es nuestro y que está en los cielos, intenta asemejar al presidente fallecido con Dios. Es en toda su extensión una inmensa blasfemia y de paso, una manifestación evidente de locura colectiva. Es desde luego, una parte muy negativa del colectivo venezolano.

La pregunta es: ¿por qué esto ocurre? Pero, además de la pregunta es saber ¿de quién proviene semejante blasfemia? No resta más que expresar una respuesta triste, objetiva y asombrosa. La frase proviene de una subcultura extraña a la tradicional que existe en Venezuela. Intentar equiparar a Chávez con Dios, a través de una oración como el Padre Nuestro, no parece en plena objetividad disminuir a Dios como ser supremo que es frente a una nación y ante la historia misma, mas cuando vivimos en un país tan católico como el nuestro. Decir y cantar una oración en favor de Chávez, no es más que un reflejo de frustración y de tristeza, por justamente aceptar muy internamente que ese presunto dios fue un ser que anduvo en la presidencia de forma tortuosa y enfermiza.

Hugo Chávez Frías ha sido el presidente de Venezuela más nefasto que ha pasado por nuestra historia, desde que Venezuela apareció frente al mundo como una república. Chávez hizo lo que un presidente sano y racional no hubiera hecho jamás en un país como el que tenemos: dividir a los venezolanos y anarquizarlos por el solo capricho de destruir una sociedad que odió y nunca entendió. Ahora, siguiendo esta apreciación, el reflejo actual con esa oración fantasiosa e inventada, es la existencia de una colectividad con odio y con la idea perseverante de destruir un país que no entiende ese ensañamiento contra la clase media o aquella que ha logrado sobrevivir en estos momentos tan contradictorios y desesperados. Yo particularmente observé en la televisión, en las damas que recitaban el Chávez padre nuestro, la rabia y la frustración con que cantaban la presunta oración. Sentí indignación y ratificación de cuan subdesarrollados nos encontramos en la actualidad, al tanto de conocer que ese tipo de venezolano, es quien gobierna y decide los destinos del país. Ello, es pues, el reflejo de una sociedad negativa y aniquilada por las circunstancias que traduce un país en crisis y una situación que enloquece y desintegra las familias y todo lo que significa como entorno social. Comparar a Chávez con Dios, no solo es un acto de ignominia colectiva, una blasfemia, sino una manifestación evidente de que en Venezuela la locura de ciertos sectores parece ser ya una realidad tangible. Urgido estamos entonces, de encontrarnos por ejemplo, con un psiquiatra colectivo que ponga fin a esta agenda de irracionalidad en que estamos sumergidos. Un colectivo que se subestime a esos extremos, no podrá salir de la pobreza mental ni del subdesarrollo social. Es como un ser que alcanza la satisfacción de sus ideales, y después se recuesta sobre ellos para luego entrar de nuevo en su desgracia. Magnificar lo negativo, es correlativamente, el intercambio en favor del odio. Magnificar lo positivo es engrandecer la patria. Esta última es desde luego el camino correcto.

gbricenovivas@gmail.com