• Caracas (Venezuela)

Gustavo Briceño

Al instante

Gustavo Briceño

Ahora le toca a Antonio

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Es importante reseñar que en las dictaduras no hay espacio para la disidencia. Ciertamente, es imposible imaginarse que las voces opositoras puedan tener lugar adecuado en un país donde las instituciones del estado se encuentran totalmente secuestradas. La pregunta es: ¿qué podemos hacer los venezolanos frente a esta terrible coyuntura vista inclusive por todos los organismos internacionales?

Luchar hasta el final, pero ¿qué es luchar hasta el final en una dictadura? El único medio importante viene a nivel individual y personal por cuanto el sentimiento democrático, que de allí parte la cultura nítidamente democrática y popular nos lleva a reaccionar como seres humanos ante la indignación que nos causa y la impotencia que nos produce, cómo este régimen oprobioso y mediocre inventa y fantasea pruebas para limitar la voz de la disidencia.

Es vergonzoso observar cuando el señor Maduro, por ejemplo, agarra el micrófono y alardea de fuerza y poder cuando en el fondo de las cosas no las tiene y muestra terror ante lo que ocurre. Es la imaginación calculada frenéticamente y con la sola intención de encarcelar a individuos que no están en sintonía ideológica con lo que este régimen pretende. Ahora, en lo que se refiere al específico documento por medio del cual encarcelaron al alcalde Ledezma tendrían que encarcelarnos a todos los venezolanos que estamos de acuerdo con ese documento. El mismo solo se limita a decir la verdad de lo que ocurre en el país. ¿Quién en su sano juicio puede contradecir este patriótico documento? Y les digo a mis queridos lectores, que yo conozca, nunca había visto una arremetida tan pertinaz y calculada contra la disidencia como la que presenciamos en los actuales momentos. Al menos en lo que se refiere a la Venezuela después de mediados del siglo XIX y todas las circunstancias y consecuencias acaecidas hasta nuestros días. En tal sentido, debemos desde ya comenzar a trabajar con un sistema de identidad cual el yo pase a convertirse en nosotros, y con ello alertar al mundo que en nuestro país se exige un cambio de régimen lo más pronto posible. Si el proceso nos conduce a unas elecciones parlamentarias, hay que responder con la votación masiva, pero en todo caso, provocar la disidencia y el cambio es urgente. A menos que instemos la posibilidad de encerramiento o encarcelamiento total y lo que haría falta es embarrotar a Venezuela de cárceles, para con ello engrandecer la patria definitiva que nos espera y continúa. Antonio Ledezma es un político admirable y que se crece como hombre en las circunstancias en que la ha tocado vivir, al menos seguro estoy que la mayoría de la población libertaria del país lo acompaña en su nuevo recorrer político. La historia lo dice, y no yo como articulista: De la cárcel política nacen los grandes hombres. Viva la disidencia frente a la dictadura. Viva la democracia. Así lo creo.