• Caracas (Venezuela)

Guillermo Vargas

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El vino y la gastronomía I/II

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La elección del vino adecuado para un plato en particular, es algo relacionado principalmente con nuestros gustos. Se habla de armonía, alianza y  maridaje, a la combinación de los vinos con las comidas; la armonía es perfecta cuando se produce un equilibrio entre aromas y sabores de ambos. Lo ideal es que sabores y aromas del vino y del plato, se unan, para convertirse en algo más placentero y delicioso, que el disfrute de cada uno por separado. Al no existir dominio de uno sobre el otro, se percibe el sabor de la comida, exaltado por el gusto del vino.

La recomendación estricta de combinar vinos blancos con carnes blancas y vinos tintos con carnes rojas, no se cumple en todos los casos, pero tiene su razón de ser. Evidentemente los vinos blancos tienen sabores suaves y armonizan perfectamente con carnes blancas de sabores suaves; de allí la excelente armonía de pescados, mariscos y frutos de mar, con vinos blancos jóvenes; al igual que con entradas, arroces, pastas suaves y pollo. Pescados azules como trucha, carite, aguja y salmón, se pueden combinar con vinos blancos de mucho cuerpo, incluyendo los añejados en barrica y tintos medianos de cuerpo; pero hay que tener cuidado del sabor metálico, que puede sentirse al combinar algunos tintos robustos, con estos platos.

Carnes de pavo, pato y conejo, van bien con tintos entre ligeros a medianamente estructurados. Las carnes rojas más elaboradas o con mucha grasa, horneadas y también a la brasa, requieren tintos de mucho cuerpo y estructura, al igual que el cordero y el chivo, e incluso la cacería de pelo; lo cual es válido para charcutería y embutidos en general.

El queso combina perfectamente con el vino; los suaves y frescos, van bien con vinos blancos jóvenes y rosados secos; mientras que los madurados maridan bien con tintos robustos y estructurados. La grasa láctea equilibra la usual astringencia del tinto y sus taninos resaltan el sabor del queso. Los vinos rosados, son una verdadera opción cuando se trata de comidas de sabores agridulces y exóticos, típicos de algunos platos asiáticos. Cuando se trata de postres y frutas, es delicioso y elegante, acompañarlos con vinos ligeramente dulces, tanto blancos como rosados, frizzantes y especialmente espumosos.

Finalmente la armonía perfecta entre vinos y comidas será una elección estrictamente personal; por lo que la mejor de ellas siempre será la que más nos guste. ¡Buen apetito!

guillermo.vargasg@gmail.com